¿VAN AL CIELO LAS ALMAS?

Mientras que los Testigos de Jehová, los Adventistas del Séptimo Día, y otros movimientos religiosos son acusados de “cultistas” porque dicen que el alma no va al cielo cuando muere una persona, los registros de la historia de la Iglesia Primitiva dan sobrado testimonio del hecho de que la “ortodoxia” es el verdadero culpable del engaño religioso sobre este asunto.
¿Enseñó la Iglesia Primitiva la separación de un alma consciente del cuerpo al momento de la muerte y su partida al cielo?
Aquí están las palabras del cristiano Ireneo en la mitad del siglo segundo (Contra las Herejías, Lb.5): “Algunos que son reconocidos ortodoxos van más allá del pre-arreglado plan de Dios para la exaltación de los justos, y son ignorantes de los métodos por medio de los cuales los justos son disciplinados de antemano para la incorrupción y la vida eterna. Por esta ignorancia los ortodoxos abrigan opiniones heréticas (con respecto al destino de los justos). Los heréticos, que no admiten la salvación para su carne, afirman que inmediatamente después de su muerte ellos pasarán sobre los cielos. Aquellas personas, por tanto, que rechazan una resurrección que afectará el hombre entero, y hacen lo mejor que pueden para removerlo del plan Cristiano, no saben nada del plan de la resurrección. Como resultado, no prefirieron entender que, si estas cosas son como ellos dicen, el Señor mismo, en quien ellos profesan creer, no resucitó nuevamente en el tercer día, sino que inmediatamente después de su expiración partió al cielo, dejando su cuerpo en la tierra. Pero el hecho es que por tres días, él moró en el lugar donde estuvieron los muertos, así como Jonás permaneció tres días y tres noches en el vientre del pez (Mateo 12:40)... David dice, cuando profetizó de él: “Tu has librado mi alma del sepulcro”. Y al resucitarlo al tercer día, Él le dijo a María: “No me toques, porque todavía no he ascendido al Padre” (Juan 20:17)... ¿Como entonces no deben estos hombres ser puestos en confusión y ridículo, cuando alegan...que su humanidad interna (alma), al abandonar el cuerpo aquí, asciende dentro del lugar super- celestial?. Siendo que el Señor salió de en medio de la sombra de muerte (Salmos 86:23), donde las almas de los muertos estuvieron, y después resucitó en cuerpo, y después de la resurrección fue tomado arriba al cielo, es obvio que las almas de sus discípulos también...deberán ir a un lugar invisible...y permanecer allí hasta la resurrección, esperando ese evento. Luego al recibir sus cuerpos, y resucitando en su integridad, corporalmente, tal como el Señor resucitó, ellos vendrán así en la presencia del Señor. Así como nuestro Maestro no se fue al cielo inmediatamente, sino que esperó el tiempo de su resurrección...del mismo modo debemos esperar el tiempo de nuestra resurrección.
Ya que, por tanto, las opiniones de ciertos ortodoxos son derivados de los discursos heréticos, los tales son ignorantes de las dispensaciones de Dios, del misterio de la resurrección de los justos, y de un REINO terrenal que es el principio de la incorrupción. Por medio de este REINO aquellos que serán dignos están acostumbrados gradualmente a participar de la naturaleza divina.
La protesta de Justino Mártir contra con la después vino a ser ortodoxia, y permanece así hasta hoy día, no es menos incisivo (Diálogo con Trypho, Cap.80-2do siglo):
“Aquellos que mantienen la opinión errada dicen que no hay resurrección de la carne...como es el caso de una yunta de buey, si uno u otro está descontrolado del yugo, ninguno de ellos puede solo hacer los surcos. De modo que tampoco puede el alma o el cuerpo afectar nada, si ellos están desconectados de su comunión...” (i.e. el alma no puede tener una existencia separada). Porque qué es el hombre sino el animal razonable compuesto por cuerpo y alma? ¿es el alma por si misma hombre? No; sino el alma del hombre. ¿Sería llamado el cuerpo llamado hombre? No; sino que es llamado el cuerpo del hombre. Si luego ninguno de estos es por si mismo hombre, sino aquel que está hecho de los dos juntos es llamado hombre, que es el alma y el cuerpo...bueno, dicen ellos, el alma es incorruptible, siendo una parte de Dios e inspirado por Él...entonces que gratitud le son debidas a Él, y qué manifestación de Su Poder y bondad es esa, si Él se propuso salvar lo que es por naturaleza salvo... pero ninguna gratitud son debidas a uno que salva lo que es de Él; puesto que esto sería salvarse a Sí mismo...cómo entonces resucitó Cristo de la muerte? Sus almas o sus cuerpos? Manifiestamente ambos. Si la resurrección fuera sólo espiritual, era requisito que Él, al resucitar de los muertos, debiera mostrar el cuerpo echado aparte por si mismo, y el alma viviendo aparte por si mismo. Pero ahora Él no hizo eso, sino que resucitó el cuerpo...por qué debe seguir durando más esos increíbles argumentos y errar en ver que estamos retrogradando cuando oímos a semejante argumento como éste: Que el alma es inmortal, pero el cuerpo mortal, e incapaz de ser revivido. Por esto solemos oír de Platón, aún antes de aprender la verdad. Si en verdad el Señor dijo esto y proclamó la salvación al alma únicamente, qué cosa nueva más allá de lo que oímos de Platón, nos trajo Él?”
Justino está acá refutando los argumentos del Gnosticismo que negaba la resurrección de la carne. El Cristianismo Tradicional a tomado una táctica un poco diferente por medio de incluir en el credo una creencia en la resurrección del cuerpo, mientras también enseña una salvación inmediata del alma sola en un estado incorpóreo consciente. Esta se dice ser la persona real, si bien incorpóreo. Semejante idea es contradicha rotundamente por Justino Mártir e Ireneo y es identificada por él como pagana.
Justino Mártir: Diálogo con Trypho:
Trypho: “Realmente admites tu que este lugar Jerusalén será reconstruida? Y esperas que tu gente será reunida nuevamente, y será gozosa con Cristo y los Patriarcas?
Justino: “Yo y muchos otros somos de esa opinión, y creemos que esto tomará lugar, como tu estás advertido seguramente; pero por otro lado, yo te aseguro que pertenecen a la pura y pía fe piensa de otro modo. Más aún te señalo que algunos que se llaman Cristianos, pro que son ateos, herejes impíos, enseñan doctrinas que son en todo sentido blasfemas, ateístas, y estúpidas ...Yo escojo seguir a hombres o enseñanzas de hombres, sino a Dios y sus doctrinas entregadas por Él. Pero si tú te has encontrado con algunos que se llaman Cristianos, pero que no admiten la verdad de la resurrección...y que dicen que no hay resurrección de los muertos, y que sus almas cuando mueran son tomadas al cielo, no te imagines que son Cristianos...
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ALMÁ O BETULÁ Y LA PROFECÍA DE ISAÍAS 7:14
El objetivo del estudio es mostrar que la interpretación de la profecía de Isaías 7:14 para un nacimiento virginal como señal mesiánica, es realmente una enseñanza vertida por el mismo Mesías, Su Majestad Jesús, nuestro maestro por excelencia, para con sus discípulos directos. En el estudio mostramos las bases que demuestran que esa interpretación es de la Yeshiva de Jesús y que es una enseñanza teológica hebrea y no pagana como muchos lo dicen, aunque dicen ser discípulos de él.
La palabra hebrea usada en Isaías 7:14, para designar a la madre que dará a luz, es “almá”, adjunto lo que el diccionario Strong dice al respecto de la palabra.
H5959
עַלְמָה almá; fem. de 5958; muchacha (como usando velo o privada):-doncella, virgen.
Cuya raíz tiene un significado de quién se ha guardado.
H5958
עֶלֶם élem; de 5956; prop. algo que se guarda fuera de vista [comp. 5959], i.e. muchacho:-joven, muchacho.
De las 7 veces que es usada en la Tanaj, 6 se refiere a mujeres jóvenes solteras, que no ha tenido marido. (Genesis 24:43, Exodus 2:8, Salmo 68:25, Cantar de de los Cantares 1:3 y 6:8, y el verso polémico Isaías 7:14) pero una vez se refiere a una mujer que si ha conocido varón, esto es en Proverbios 30:19.
Por lo tanto decir que “almá”, es una palabra exclusiva para “virgen”, escrituralmente no es correcto, porque tenemos una vez, en donde se refiere a una mujer que ya conoció varón. Es mejor decir que “almá” es una palabra que designa a una mujer que se ha guardado, de allí que la posible traducción de virgen, o como un rabino judío no mesiánico dijo, que se refería a una mujer en estado de desposorio, previo a la consumación del matrimonio.
Por el otro lado está la palabra “betulá”, que muchos dicen que es la que directamente designa a una virgen, adjunto la referencia del diccionario Strong.
H1330
בְּתוּלָה betulá; part. fem. pas. de una raíz que no se usa que sign. separar; virgen (por su carácter privado); a veces (por continuación) novia; también (fig.) ciudad o estado:-virgen, doncella.
Que en su raíz, al igual que “almá”, significa apartar o separar, o sea que por implicación su significado es de virgen, como un estado de la mujer, sea o no desposada, esta palabra es usadas más de 14 veces en la Tanaj, pero en el caso de Joel 1:8 es usada para designar una joven que ya no es virgen.
Joe 1:8 Llora tú como joven (betula) vestida de cilicio por el marido de su juventud.
Por lo tanto, decir que “betula” es la palabra que estrictamente significa virgen, escrituralmente no es correcto, por el caso de Joel 1:8.
RESUMEN:
Por lo antes expuesto, no creo recomendable basar en el estudio exegético de las palabras “almá” y “betulá”, para considerar si la profecía de Isaías 7 es una profecía mesiánica o no, si habla de un nacimiento virginal o no.
Es necesario un estudio de todo el texto, su contexto en la Escritura, y el contexto histórico, y sobre todo las leyes que rigen el mundo espiritual, para contemplar las implicaciones que tienen ambas interpretaciones.
Creo fehacientemente que el cuestionamiento que se hace con respecto a la palabra usada, es parte del plan Divino.
Mar 4:11 Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas;
Mar 4:12 para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.
Extracto de un artículo más extenso titulado: NACIMIENTO VIRGINAL— ¿UNA TEOLOGIA PAGANA O HEBREA?
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ALGUNAS COSAS DIFÍCILES DE ENTENDER

Por Mario A Olcese (Apologista)
“Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén”. (2 Pedro 3:16-18).
Es importante reconocer que en la Biblia se encuentran algunas cosas difíciles de entender que requieren un estudio paciente y ordenado. El Apóstol Pedro en los versículos de arriba hace mención de las epístolas de Pablo, y admite que en ellas hay algunas cosas difíciles de entender que los indoctos e inconstantes tuercen. Ahora bien, el punto es que hay cosas que son difíciles de entender, y así lo reconoció el propio apóstol Pedro. Sin embargo, no sabemos si para Pedro dichas “cosas” continuaban siendo incompresibles aun para él mismo, y tampoco hay forma de saberlo.
Creo que en estas cosas difíciles de entender y explicar es dónde emergen las divisiones entre los cristianos. Si los doctos no se ponen de acuerdo, ¿cómo podrían ponerse de acuerdo los indoctos? Desafortunadamente Pedro no nos da mayor información sobre qué cosas enseñadas por Pablo eran difíciles de entender. Tal vez tengan que ver con la misma persona de Jesucristo. No es de extrañar entonces que el estudio de la Cristología ha generado una serie de debates y disputas entre los cristianos desde los albores del cristianismo mismo. Ya sabemos cómo se fue desarrollando la doctrina de la Trinidad con disputas por tratar de interpretar ciertas expresiones del mismo Pablo como cuando dice de Jesús “el cual, existiendo en la forma de Dios” o “en Cristo mora toda la plenitud de la deidad corporalmente”, y que probarían que Pablo creía que Cristo era Dios, contradiciendo al mismo tiempo otras de sus declaraciones en las cuales presenta a un Dios único que es el Padre (1 Cor. 8:4-6).
Y referente al alma, Pablo aparentemente también confunde a muchos indoctos y doctos cuando por una lado nos dice que estamos en la búsqueda de la inmortalidad (Rom. 2:6,7) y por otro lado nos habla del “hombre interior (¿el alma inmortal?)”, o cuando manifiesta su deseo de “partir y estar con el Señor”, expresiones éstas que saben a filosofía platónica y que generan mucha controversia aun hoy.
Tal vez el problema sea menos dramático de lo que pensamos y que sólo somos nosotros quienes no le hemos entendido adecuadamente debido a nuestros prejuicios doctrinales heredados de nuestros padres o al conocimiento “en parte” que hemos recibido. Tal vez no exista ningún misterio en sus palabras, sino que simplemente no es el momento para que entendamos todo lo que él quiso decirnos. Hubo muchas cosas “de avanzada” que enseñó nuestro Señor a sus discípulos y que no pudieron entenderlas con exactitud en el momento que las recibieron, pero que en su debido momento sus mentes fueron iluminadas para comprenderlas.
De hecho que hay cosas difíciles de entender en Pablo, incluso cuando trata sobre la ley y la gracia. Tenemos que hacer esfuerzos para entenderlo cuando dice: “Nos estamos bajo la ley sino bajo la gracia”, pero por otro lado él aparentemente se desdice cuando declara: “confirmamos la ley” (Rom. 3:31). Estas expresiones, diametralmente opuestas, generan desconcierto para quienes quieren entender la vigencia o no de la ley. Pablo es realmente un apóstol complejo, profundo, e incomprendido. Por eso tenemos miles de iglesias repartidas entre sabatistas y dominicales, entre Mesiánicos, Judíos ortodoxos y cristianos. Creyentes Trinitarios, binitarios y unitarios. Creyentes en la inmortalidad condicional y creyentes en la inmortalidad incondicional. Unos tienen sus argumentos para sostener sus puntos de vista sobre una doctrina, los cuales son totalmente inadmisibles para otros. Así que para ser cortés con Pablo, creo que él sigue siendo “mal interpretado” por muchos de sus lectores y seguidores, ya que no todos pueden tener la razón. Estoy seguro de que si Pablo volviese a la vida hoy, se quedaría de espaldas al ver a la iglesia que él ayudó a fundar, dividida en tantos miles de grupos sólo por el hecho de que él fue mal interpretado.
Tal vez el secreto para entender mejor a Pablo y reducir el número de iglesias divergentes sea escuchando su consejo, que dice: “…acomodando lo espiritual a lo espiritual. Porque el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Cor. 2:13-16).
Es nuestra responsabilidad estar siempre orando al Señor para que nos dé de su Espíritu para que nos pueda ayudar a entender cabalmente la verdad que él nos reveló a través de su Hijo y sus apóstoles. Tenemos que dejar de lado nuestras ideas preconcebidas y someternos a la autoridad de la Biblia. No hay otra forma.
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¿QUÉ OCURRE DESPUÉS DE LA MUERTE?—¿Nos revelan algo los Resucitados de Jesús?

“Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (Daniel 12:13).
Por Ing° Mario A. Olcese (Apologista)
El misterio de la muerte
Desde que el hombre tiene uso de razón se ha venido preguntando acerca de lo ocurre después de la muerte. El temor natural por lo desconocido los asusta, aunque es verdad que para un número importante de personas, la muerte es el fin de todo, y no hay nada más. Simplemente sobreviene paulatinamente la extinción total de todo nuestro ser.
La mayoría de las religiones orientales, a diferencia de la religión cristiana, creen en la reencarnación del alma humana. Es decir, que el alma reencarna en otro ser vivo tantas veces como sea necesario hasta alcanzar la perfección. Los cristianos, en cambio, están divididos entre los que creen en una inmortalidad incondicional y la condicional. En buena cuenta, hay muchos cristianos que creen que el hombre tiene un alma inmortal que parte del cuerpo en la muerte y que se dirige al cielo directamente para luego volver a resucitar en inmortalidad. Otros dicen que el alma humana duerme en el sepulcro hasta la resurrección. Y estas diferencias surgen por la intromisión de ideas exóticas o paganas que pervierten la verdad revelada por Dios sobre el destino de los difuntos. Por esta razón unos creen que las almas de los impíos van directamente al infierno, y que permanecerán allí por los siglos de los siglos, mientras que las almas de los justos gozarán de la “gloria celestial” por toda la eternidad. Otros cristianos simplemente creen que las almas van al “paraíso” o al “Hades” mientras esperan la resurrección del cuerpo. En fin, un buen surtido de ideas y creencias que colisionan entre sí.
Experiencias “extra corpóreas”
Hay quienes sostienen haber experimentado la “partida” de sus almas hacia el cielo o el infierno, pasando por un túnel angosto y largo, mientras eran declarados clínicamente muertos. Sin embargo, estas mismas experiencias “extra-corpóreas” las han tenido pilotos de aeronaves supersónicas cuando perdieron la conciencia mientras pilotaban sus aviones de guerra haciendo maniobras riesgosas y extremas. Y es que durante una maniobra, un piloto se ve presionado fuertemente contra el asiento, en especial en el tórax y la cabeza (por la fuerza “G”). Entonces, la sangre fluye hacia sus extremidades, dejando sin irrigación el pecho y el cerebro. La presión, además, hace difícil respirar. No hace falta que la maniobra dure mucho tiempo para que el piloto quede obnubilado y se desmaye. Es en este momento que el piloto (que no está muerto clínicamente!) tiene la experiencia de salir de su cuerpo y pasar por un túnel tal como lo experimentaron algunos individuos (¡no todos!) que son declarados clínicamente fallecidos y que después “resucitaron” en el quirófano para contar su experiencia .
La resurrección del hediondo Lázaro y de otros personajes bíblicos
Uno de los casos más interesantes de un hombre que resucitó después de varios días de fallecido, y que olía a putrefacto, es el del amigo de Jesús, llamado Lázaro. En el Nuevo Testamento está registrada su milagrosa resurrección por parte del Señor Jesucristo. Este extraordinario evento extrañamente sólo fue anotado por Juan, el apóstol amado de Jesús, aunque Lucas hace aparentemente referencia de él cuando anota la parábola del Rico y Lázaro. Sin embargo, no fue esta la primera y única ocasión en que Cristo obraba una maravillosa resurrección, pues también lo hizo con la hija de Jairo (Luc. 8:51-53). Y finalmente, el tercer difunto que Jesús resucitó fue al hijo de la viuda de Naím cuando lo llevaban a enterrar, según la costumbre judía. En el Evangelio de San Lucas leemos que sacaban a un muerto, hijo único de su madre que era viuda.
Ahora bien, lo curioso del caso es que nada se dice en las Escrituras sobre las “experiencias post-mortem” de estas personas resucitadas por Jesús. Y es que siendo para muchos la misma muerte un misterio, hubiera sido una magnífica oportunidad para que algún evangelista registrara para nosotros los testimonios de estos ex-difuntos después de que experimentaron la "muerte" (si es que en verdad alguno contó algo), especialmente del hediondo Lázaro, para despejarnos cualquier duda sobre la existencia de la inmortalidad del alma y asegurarnos de que hay un ámbito supra mundano donde efectivamente está Dios con sus huestes angélicas. Pero el silencio es total. ¿Puede esto deberse a que los judíos jamás creyeron en el alma inmortal o en la supervivencia de un alma inmortal que partía al cielo después de acaecer la muerte física? ¿No será que para ellos la muerte es simplemente un estado de inconsciencia total y de sueño profundo, donde el tiempo y el espacio no cuentan? ¿No serían estas dos razones más que suficientes para que ellos no se interesaran en inquirir sobre lo que hay después de la muerte? Para nosotros, los que hemos sido influenciados por la filosofía platónica del alma inmortal, seguramente nos hubiésemos interesado en hacerle a Lázaro, ya resucitado, las simples preguntas: ¿dónde estuviste cuando estabas muerto? ¿Y qué viste y oíste? Pero parece que esta no era una preocupación de los cristianos del primer siglo. Ellos sólo sabían que los muertos resucitarían y punto (Juan 11:24).
¿Estuvo Lázaro en la “gloria celestial”?
Otra cosa que me llama mucho la atención es que Jesús no haya consolado a la hermana de Lázaro —si es que en verdad existe un alma inmortal que parte al cielo en el momento de la muerte— con más o menos estas palabras: “No estés triste, Marta, el alma de tu hermano está en una mejor vida en el cielo, gozando de las bienaventuranzas de mi Padre, sin tener que sufrir o padecer como mortal y cristiano. Piensa por un instante que tu hermano Lázaro ya está muy feliz y contento en la presencia de Dios, mi Padre, esperando el día en que se encontrará nuevamente contigo y con el resto de tu familia”. Pero no, esto no fue lo que le dijo Jesús, sino simplemente: “Tu hermano resucitará” (Juan 11:23).
Pues bien, se alega que la resurrección de Lázaro sirvió para mostrar el poder que tenía el Señor sobre la misma muerte y por eso se hizo necesario sus milagros de resurrección. Sin embargo, no fue la resurrección de Lázaro la que dio confianza a la iglesia sobre su propia futura glorificación, sino la resurrección de Cristo mismo en INMORTALIDAD. Así fue como se expresó Pablo en cuanto a la resurrección de Cristo: “…y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Cor. 15:17).
Pienso que hubiera sido fácil para cualquiera que estuviera en el cielo 4 días gozando de las bienaventuranzas de Dios, regresar a la tierra y seguir luchando para subsistir, soportando cargas pesadas, sufriendo dolencias o enfermedades, y sobrellevando las burlas de los detractores.
Si en verdad Lázaro estaba en el mejor de los mundos en el cielo, ya me imagino cómo le habrá increpado a su hermana Marta por sus reclamos al Señor, culpándola en cierta forma por su “retorno a la tierra”, habiendo estado 4 días maravillosos en el cielo disfrutando lo que nadie ha visto ni oído jamás.
La muerte: ¿Enemigo o amigo?
Sin duda la influencia platónica en la fe cristiana ha hecho que veamos la muerte no como un enemigo, sino como un amigo, cuando se enseña que los muertos en Cristo siguen su camino al cielo después de morir. ¿Cómo podría ser la muerte un enemigo si ella nos posibilita el acceso inmediato a la gloria celestial? Pero los verdaderos cristianos siguen viendo la muerte como el mayor enemigo del hombre, porque la muerte y con mayor razón, la muerte espiritual, (debido al pecado) nos separa de Dios y de los hombres. Sí, la muerte separa y divide. Los esposos que fallecen simultáneamente (en un accidente automovilístico, por ejemplo) terminan separados ---¡porque la muerte los separa, no los une más!
Ver a Jesús tal como es él, ¿cuándo?
Una de las declaraciones que me llama mucho la atención es cuando el apóstol Juan dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2). Aquí Juan está prácticamente descartando la posibilidad de ver al Señor Jesús tal como él es en el momento de nuestra muerte. Juan dice enfáticamente, y sin rodeos, que veremos al Señor tal como él es cuando SE MANIFIESTE en persona, es decir, en su segunda venida. Pero muchos creen que verán al Señor tal como él es cuando inmediatamente partan al cielo al fallecer. Esta creencia contradice completamente lo que afirma el apóstol Juan. Por otro lado, “partir al cielo inmediatamente después de morir” ya es un galardón para cualquier cristiano, una retribución por su vida piadosa y santa. Pero las Escrituras dicen claramente que cualquier retribución del Señor se hará efectiva sólo cuando Jesús venga a la tierra desde el cielo: ”He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apo. 22:12). Si esto es verdad, entonces es imposible que partamos al cielo como almas inmortales para recibir nuestro galardón de gloria, porque eso significaría que Cristo ya no regresará del cielo para recompensarnos. Por eso Pablo fue claro cuando dijo: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, EN AQUEL DÍA (es decir, en la manifestación de Jesús, según el verso 1); y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Tim. 4:8).
La Esperanza de Job y Daniel
El fiel Job creía en la resurrección del cuerpo, y estaba consciente de que sería resucitado para poder ver a su Redentor y Dios. En ningún momento él creyó que después de morir partiría velozmente al cielo a través de su alma o su espíritu para ver a Dios. Estas son sus declaraciones: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de desecha esta mi piel, en mi CARNE he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis OJOS lo verán, y no otro…” (Job. 19:25-27).
Al profeta Daniel se le dijo: “Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te LEVANTARÁS para recibir tu heredad al fin de los días” (Daniel 12:13). Es claro entonces que el mismo fiel profeta Daniel reposaría en su sepulcro para esperar su resurrección corporal para recibir su heredad o recompensa. Dice claramente “al fin de los días” de este mundo, no “en el fin de sus días”.
¿A dónde fueron las “almas inmortales” de los fieles difuntos?
Es muy interesante ver que Apocalipsis sólo nos habla de “24 ancianos” y de ángeles que rodean el trono de Dios y al Cordero, pero nada nos dice de las “almas” de los patriarcas, de los profetas y de los fieles del AT que estén rodeando el trono de Dios y al Cordero para ofrecer alabanzas y reverencias. Incluso, en ningún momento se ven las supuestas “almas inmortales” de los difuntos cristianos rodeando el trono, y menos, las de los mártires. ¿Dónde están esas supuestas almas de los difuntos fieles? ¿Vagando por allí sin rumbo fijo?
El espíritu regresa a Dios—¡no el alma!
En Eclesiastés leemos que el hombre muere (pío e impío) y que su espíritu regresa a Dios quien lo dio. Dice así el texto: “¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?... “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 3:21; 12:7). De modo que la Biblia enseña que son los espíritus de todos los hombres — y no sus almas— los que suben a Dios, que es el que los dio.
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Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Por Ingº Mario A Olcese
Una concepción equivocada
Es sorprendente recibir comentarios de personas sinceras que me dicen: “Pero Ingº Olcese, ¿por qué critica usted a mi Pastor favorito si está salvando a mucha gente del castigo del infierno?” Bueno, ¿Pero están estas personas 100% seguras de que es así como dicen? Veamos lo que nos dice el Señor Jesús con respecto a los falsos maestros: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:8, 9). Aquí Jesús cita un pasaje de Isaías donde acusa al pueblo de Dios de estar honrando al Señor sólo de labios y en vano porque estaban enseñando como doctrinas de Dios, mandamientos de hombres. Así que uno debe estar prestando mucha atención a lo que uno cree y enseña y para no terminar siendo desaprobados por Dios y finalmente condenados para siempre (“Hay camino que parece derecho al hombre, Mas su salida son caminos de muerte” Prov.16:25). Por esta razón aquí viene la siguiente pregunta crucial: ¿Está usted seguro de que su querido y amado Pastor está enseñando doctrinas que se encuentran en las Escrituras y que no son simplemente invenciones suyas? Por ejemplo, si su pastor enseña que el Señor quiere que sus seguidores “siembren dinero para cosechar mucho más dinero” ¿puede usted probar que esta enseñanza es una doctrina realmente bíblica?
¿Pobre auto-estima?
Los evangelistas de la prosperidad te dicen que eleves tu “auto estima” y que no te niegues las cosas buenas de la vida: riquezas, lujosos, suntuosidades, relojes finísimos y joyas con finas piedras preciosas como merece todo buen “hijo de Rey”, y un “hermano de Príncipe”. Te dicen que vivir en pobreza es un deshonor y una vergüenza para el cristianismo, pues refleja una iglesia vencida, maldecida e impotente. Realmente es increíble cómo estos evangelistas sátrapas y desvergonzados pueden predicar tamaña mentira y que ésta pueda ser creída por decenas de miles de creyentes sin mayores cuestionamientos, como si fuera una verdad inobjetable del Señor. Realmente hay público para los distintos circos (no, círculos) evangélicos que han caído en el engaño de Satanás, el cual tiene como lema: “Todos estos reinos del mundo te daré si postrado me adorares”. Sí, el diablo está seduciendo a los hombres con un mensaje o evangelio falso que proclama una “prosperidad automática”, y que cautiva o fascina a los frustrados y desposeídos de este mundo, a aquellos que anhelan vehementemente poder disfrutar de las riquezas que este mundo ofrece antes de irse al panteón.
¿100 veces más?
Muchos “creyentes” creen encontrar la evidencia para una prosperidad sin límites cuando Jesús dice: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna”. En pasajes bíblicos como el de arriba los falsos evangelistas suelen apoyarse para afirmar que uno puede recibir cien veces más ahora, en hijos (wou…¡pobre madre, pues terminará descalcificada!), en madres (¡caracoles!… ¿quién puede tener tantas madres?), en casas (wou…¡cuántos impuestos habrá que pagar por ellas!), con persecuciones (wou…¡es una tortura ser millonario y ser perseguido al mismo tiempo!). Pero si esto hay que tomarlo literalmente, o al pie de la letra, entonces los únicos que pueden recibir 100 veces más en casas, hermanos, hermanas, padre, madre, mujer, hijos o tierras son aquellos que han dejado atrás justamente su casa, a sus hermanos, a sus hermanas, a su padre, a su madre, a sus hijos, a su mujer, y a sus tierras por causa del evangelio. Así que si usted abandona a su esposa por el evangelio, usted recibirá 100 esposas más (¡cuántos musulmanes serían cristianos!), y si usted deja atrás a sus hijos, recibirá 100 hijos más (¡wou, qué responsabilidad!). ¿Pero puede alguien tomar estas palabras de manera literal? Recordemos que este número cien es común en la Biblia, y no debe porqué tomarse siempre literalmente (ver Mateo 18:12,18, Lucas 15:4, Lucas 16:6, Juan 19:39). Además, hay que considerar que acá el Señor está usando una hipérbole, es decir, exagerando o magnificando las cosas para resaltar la importancia que tiene su mensaje o evangelio frente a la familia y a las cosas materiales.
¿Fue Pablo muy bendecido materialmente por causa del evangelio?
¿Pero qué es lo que encontramos en la historia de aquellos insignes primeros cristianos que dejaron todo por el evangelio del reino? Miremos a Pablo. El dijo que fue apartado para el evangelio (del reino) de Jesucristo y por esta causa él sufrió terribles persecuciones…¿pero recibió 100 veces más de lo que dejó atrás? Ciertamente él padeció mucha persecución y tribulación, pero en cuanto a las cosas materiales que dejó atrás, y que en su momento él las consideró valiosas, simplemente él no recibió lo que muchos cristianos del evangelio de la prosperidad esperarían recibir hoy por su “devoción” a Cristo. El libro de los Hechos y las epístolas paulinas nos presentan a un Pablo que pasó por serios apuros, necesidades extremas, hambre y sed, escaseces, desamparo, frío, soledad, etc., y así fue generalmente su existencia como un convertido hasta que fue martirizado en los tiempos del emperador Nerón. Me pregunto: ¿Incumplió el Señor su promesa de bendición multiplicada cuando Pablo lo dejó todo por causa del evangelio? Pues, ¡no aún! Pablo sabía que la venida del Señor Jesús (¡y de su reino glorioso!) traería grandes bendiciones a los santos que jamás fueron imaginadas por hombre alguno (2 Tim. 4:8, 1 Cor. 2:9), y como Juan, Pablo sabía que el Señor Jesús recibiría muchas riquezas en su reino, las cuales serían co-heredadas por todos los santos glorificados (Apo. 5:12; Daniel 7:13,14).
Riquezas: ¿Bendición o Maldición?
Hermanos, no se esperancen en las riquezas prometidas para hoy por aquellos predicadores mentecatos vestidos de ovejas que les dicen que si “siembran” fielmente su “semilla”, recibirán cien veces más hoy, pues Jesús, al contrario de ellos, nos enseña a no poner nuestra confianza en las riquezas que vienen y van, y que son muy peligrosas (Mat. 13:22, Mar.4:19, Luc. 8:14). Y así como un buen padre de familia sabe a qué hijo darle más propina y a quien menos, así el Padre celestial sabe a qué hijo darle más cosas materiales y a quién menos, porque Él los conoce muy bien y no desea que se pierdan en el mundo a causa del dinero.
Debemos reconocer que no todos serán igualmente “bendecidos” en este mundo que fenece. El dinero, recuérdese, puede ser una bendición si se tiene lo suficiente, pero puede volverse una verdadera maldición o pesadilla si se tiene en demasía. Mi experiencia me dice que muchos terminan perdiéndose en sus riquezas y nunca logran recuperarse por completo. Salomón le pidió a Dios sabiduría antes que riquezas, y en cuanto a éstas, él Le pidió lo necesario, es decir, ni mucho como para que se olvidara de Él, ni poco como para que renegara de Él.
¿El Cordero o su Lana?
Sinceramente me pregunto si este tipo de “conversos” se están acercando al cordero de Dios con un corazón sincero o simplemente por la “lana” que pueden obtener de él. Hay pues que diferenciar los motivos que nos mueven a buscar al Señor. ¿Es acaso porque tenemos hambre y sed de justicia, y porque deseamos vivir en armonía con el Señor y sus mandamientos? ¿O será más bien que lo que buscamos es que Dios sea nuestro “aladino” y que nos concede nuestro deseo de ser ricos y poderosos porque nos han contado por allí que si creemos en su evangelio de la prosperidad nos volveremos ricos e importantes en este mundo decadente? Así que hágase una introspección y pregúntese qué es lo que lo motiva a asistir a esos cultos que promueven reiteradamente “la siembra de la semilla”, “la mejora de la auto-estima”, “el éxito material”, y otras peroratas motivacionales que de bíblicas no tienen nada. ¿Está usted acaso buscando sinceramente ser salvo de su miseria espiritual presente, o simplemente está buscando una bonanza económica automática y milagrosa para usted y los suyos para esta vida? Recordemos que sólo hay un evangelio salvador, y ése es el evangelio del reino (Gál. 1:6-9, Marcos 1:1,14,15). Si usted no cree en el evangelio del reino, sino en otro evangelio, entonces ni usted, ni su pastor, se salvarán (Romanos 1:16).
“Siempre Tendréis pobres entre vosotros”
Jesús contradice a los falsos evangelistas de la prosperidad material diciendo que siempre tendremos pobres entre nosotros. He aquí sus palabras: “Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no siempre me tenéis” (Juan 12:8). Imaginemos por un instante que todos los creyentes fueran ricos y prósperos, ¿cómo podríamos demostrarles a nuestros hermanos que somos solidarios y desprendidos con nuestras riquezas si ellos son tan ricos como nosotros? Una regular cantidad de hermanos tendrán que seguir siendo pobres para que los creyentes más pudientes puedan actuar caritativamente con ellos. Las Escrituras nos mandan a demostrar nuestro amor cristiano comenzando con los de la fe (ver Gál. 6:10; 1 Tim. 6:17,18). Esto, obviamente, nos indica que no todos los de la fe tendrían igual prosperidad. A los que más tienen se les manda a compartir de lo suyo con los menos afortunados o con los que no tienen nada. Ese es el plan de Dios para con sus hijos. El desea que seamos hospitalarios, solidarios, y filántropos en pro de nuestros hermanos en la fe y aun para los no conversos. Nosotros sólo somos mayordomos de las riquezas de Dios, las cuales nos fueron confiadas para distribuirlas sabiamente entre los necesitados. No tiene sentido que una persona retenga una enorme fortuna que nunca podrá disfrutar, ni aún sus biznietos, cuando en realidad hay muchos ahora que padecen necesidad extrema. Es realmente ofensivo que pocos tengan muchísimo, y muchos tengan muy poco o nada. La avaricia es realmente un pecado, y todos aquellos que la alimentan con sus predicas trucadas de una prosperidad automática en abundancia darán cuenta al Señor por esto, pues el llamado “evangelio de la prosperidad” no es la “fórmula” establecida por Él para que los pobres dejen de serlo.
La participación de sus padecimientos
En Fil 3:10 Pablo dijo participar de los padecimientos de Jesús. Sin duda Jesús no vivió como un rey mientras estuvo en la tierra, y todos sabemos cómo sufrió él por causa del evangelio. Sabemos que Jesús ni siquiera tuvo una casa fija y propia para vivir cómodamente. Me pregunto: ¿Estamos dispuestos nosotros a participar de esos padecimientos y limitaciones de Cristo? ¿Lograríamos ese cometido si en realidad el mismo Señor nos diera abundantes riquezas materiales y poder en este mundo malvado? ¿Realmente predicó Pablo doctrinas motivacionales para elevar la autoestima, y promover el éxito material de la iglesia? Pues, no. En Hechos leemos lo que hacía Pablo en sus viajes misioneros: “Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles á que permaneciesen en la fe, y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). Nótese que Pablo animaba a los creyentes, es decir, les levantaba la moral, exhortándoles, ¿a qué? ¿Acaso a buscar la excelencia o lo mejor de este mundo? Nooooo!!! Sino más bien a permanecer en la fe y a soportar las muchas tribulaciones, para que de esta manera puedan entrar en el reino de Dios. Así es que es a través de los padecimientos o tribulaciones cómo podemos entrar en el reino de Dios. Sin ellos no tendríamos merecido el ingreso en el glorioso reino de Cristo. Pero muchos cristianos hoy no están dispuestos a padecer por Cristo para heredar su reino. Ellos quieren vivir ahora mismo su reino en la tierra con lujos y en abundancia, sin padecimientos ni angustias que experimentar. ¿Podrán éstos realmente entrar en la vida eterna que significa el reino de Dios? Imposible!!! Así que ya saben lo que les espera a sus predicadores favoritos y a sus acólitos que abrazan y difunden el evangelio falso de la prosperidad. ¿¿¿Estará usted entre estos maestros del engaño??? Espero que no.
Mi misión como apologista
Aunque muchos me acusen de todo, lo cierto es que los predicadores del evangelio de la prosperidad están conduciendo a cientos de miles de personas hacia su condenación eterna. Y es que el evangelio que predican es un evangelio diabólico con apariencia de verdad y bendición. Es un mensaje bien pensado para atrapar a los ingenuos que desconocen totalmente las Escrituras. Pero aquellos que se toman el tiempo para estudiar la Biblia con oración y ayuno logran descubrir fácilmente que esa doctrina de la prosperidad tiene de todo menos de bíblica. Si continúan perdurando los “cristianos- pichones” que sólo abren sus bocas para ser alimentadas con carroña por unos verdaderos buitres del evangelio, sin preocuparse por lo que digieren, entonces terminarán espiritualmente enfermos y sin una verdadera dicha y esperanza para sus vidas. Es ahora de retomar el único evangelio Salvador que es la Buena Nueva del Reino de Dios y el nombre de Jesús (Hechos 8:12). Si otros evangelios son predicados y no corresponden con éste, entonces debemos descartarlos, sin demora, como espurios, al mismo tiempo que reprendemos a los que los difunden, sin temor y sin demora alguna.
Esta es mi tarea como apologista.
Dios los bendiga,
Mario A Olcese (Apologista)
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LA IDEA CATÓLICA DEL ALMA


Platón
Aristóteles
Mezcla de Platonismo y Aristotelismo
La tradición católica ha tomado muchos elementos del pensamiento Griego al pensar el alma. Ha tomado algo del dualismo platónico, al formular filosóficamente la idea de alma en sí misma. Y, desde santo Tomás de Aquino, ha tomado de Aristóteles la fórmula hilemórfica para entender la relación del alma con el cuerpo. Pero cree que el hombre es alma y cuerpo. Se separa de la idea de Platón de que el hombre alcanza su plenitud sin el cuerpo. Y se separa de Aristóteles cuando pensaba que el alma era mortal y ponía el fundamento de la inteligencia en otra instancia (nous). La tradición católica supone que el alma pervive tras la muerte y que realiza tanto la función de animar el cuerpo como la de entender. De esta manera combina la tesis de Platón y la de Aristóteles. Pero hay algo más. Se puede apreciar al pensar lo que el catolicismo cree sobre la muerte y la condición del alma separada.
A diferencia del platonismo, la tradición católica no quita ninguna dramaticidad a la muerte, que es considerada ‑en sí misma‑ no una liberación, sino una tragedia para la naturaleza humana. La muerte es consecuencia del pecado. La posición tradicional, que formula santo Tomás de Aquino, tiene ya una raigambre bíblica. El hombre es mortal por su corporalidad, sujeta a posible descomposición, pero, como está llamado a vivir cerca de Dios y, en esa misma medida, a tener una vida inmortal, Dios lo quiso en un ambiente especial (el paraíso, con el árbol de la vida del Génesis). De esta manera, se deja entender que la mortalidad es condición de la naturaleza en sí misma, y que la inmortalidad es un don querido por Dios y añadido a la naturaleza. Tras el pecado, el hombre queda privado de este don y abandonado a su naturaleza física.
Hay que leer la idea católica sobre la muerte bajo esta perspectiva. Esto provoca, inevitablemente, una idea menos optimista con respecto a la situación del alma separada. En la platónica, el alma alcanza un cierto estado de plenitud por el solo hecho de separarse del cuerpo y, sobre todo, por la contemplación que entonces le es posible. En la católica, la plenitud se alcanza tras la resurrección, y la gloria se vive con el cuerpo. La pervivencia del alma católica no es como la platónica. En la platónica, es plenitud, en el católica es una situación antinatural: el alma ha sido hecha para el cuerpo. Pervive tras la muerte, pero en su existencia y en su psicología depende enteramente de Dios.
Según la tradición católica, la pervivencia tras la muerte es un fenómeno escatológico. Los que mueren no quedan en un estado de pervivencia puramente natural, sino que pasan a estar delante de Dios para un juicio en su presencia, que merece un estado de bienaventuranza, de condenación o de purificación. No podemos imaginar cómo se realiza esto. Pero los bienaventurados—según el romanismo- están como personas, como sujetos delante de un Dios, que es “tripersonal”, y que «no es Dios de muertos, sino de vivos» (Mc 12, 27). Y que, desde entonces, esperan la resurrección, porque están llamados a ella para vivir en plenitud.
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¿CREYERON EN EL ALMA
INMORTAL LOS PRIMEROS
CRISTIANOS?

Por Ing°. Mario A Olcese Sanguineti
El cielo no es nuestro Destino
La mayoría de las iglesias cristianas enseña que el destino o paradero final del creyente cristiano es el cielo. La Iglesia Católica, por ejemplo, enseña que los muertos en Cristo están ahora en el cielo con Jesús. Aun los “evangélicos” enseñan lo mismo al entonar himnos en ese sentido.
Es cierto que los creyentes en Cristo tendremos un cuerpo glorificado al resucitar---no al morir--- con el cual podremos vivir para siempre con el Padre y Su Hijo Jesús. Sin embargo, Jesús nunca enseñó que nuestro paradero final y permanente será el cielo. Aún Jesús mismo no ha subido al cielo para permanecer allí permanentemente, pues dijo que volvería nuevamente a la tierra para restaurar todas las cosas (Hechos 3:19-21). Sí, ahora Jesús permanece en el cielo hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que hablaron los santos profetas de Dios. No hay testimonio bíblico que sustente la hipótesis de una “estadía eterna en los cielos” de Cristo y su iglesia.
Abraham: El Padre de la Fe
Es interesante lo que dijo Pablo a los Gálatas: “De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (3:9). ¿Ha notado usted lo interesantes que son estas palabras de Pablo? Él dice que los cristianos y Abraham serán bendecidos con lo mismo, idénticamente. Pablo NO dice que una será la bendición de Abraham, y otra, la de los cristianos. Lo que el apóstol verdaderamente afirma es que todos los creyentes en Cristo serán bendecidos con el creyente Abraham. Sí, Abraham creyó en la buena nueva de Dios referente a un Salvador, y que, a través de él, todas las naciones serían benditas (Gálatas 3:8).
Millones de Cristianos creen que irán al cielo para morar con Dios y Cristo por la eternidad. Pero si esto es cierto, entonces Abraham tuvo que haber creído en lo mismo, puesto que él y los creyentes cristianos recibirán lo mismo. Pero: ¿Creyó Abraham que iría al cielo para estar con Dios? La verdad es que no encontramos ninguna evidencia bíblica para tal esperanza. Lo que sí hemos encontrado en la historia de Abraham, es que a él Dios le prometió otra cosa, y por extensión, a todos los creyentes. Veamos la sorprendente promesa que millones de Cristianos ignoran, debido a que no leen su ‘Biblia’ con atención. Está en Génesis 12:1,2 donde se lee: “...vete de tu tierra (Ur) y de tu parentela, y de la casa de tu padre, A LA TIERRA QUE TE MOSTRARÉ. Y haré de ti una nación grande y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. Este pasaje tiene relación directa con Gálatas 3:9, pues Abraham sería bendición---¿para quién? ¡Para los de la fe! No se nos dice que la bendición de Abraham sería sólo para una raza, la semita, sino para todos los fieles en general. Esto es sumamente importante.
En Génesis 13:14,15 encontramos la promesa claramente expresada con estas palabras: “Y Jehová dijo a Abraham, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar que estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra QUE VES, la daré a ti y a tu descendencia PARA SIEMPRE”. ¿Hay algo en esta promesa en el sentido que Abraham iría al cielo después de morir, o en la segunda venida de Cristo? Pues no, Dios nunca le dijo a Abraham que mirara al cielo, sino