JESÚS Y LOS DIAS QUE PERMANECIÓ MUERTO
¿ESTUVO JESÚS EXACTAMENTE 72 HORAS EN EL SEPULCRO ANTES DE RESUCITAR EN GLORIA?

La Resurrección Dominical: Una Razón Apropiada para la Reunión Cristiana
La resurrección de Jesús ocurrió en Domingo, y Domingo, aunque ciertamente no es un Sábado en el sentido del Antiguo Testamento, es un día apropiado para una celebración semanal de la resurrección de Cristo de entre los muertos. Jesús predijo que él resucitaría en el “tercer día”. De hecho, el Nuevo Testamento declara ONCE veces que la resurrección fue en el “tercer día” (Mat. 16:21; 17:23; 20:19; 27:64; Luc. 9:22; 18:33; 24:7, 21, 46; Hechos 10:40; 1 Cor. 15:4).
Estas referencias al “tercer día” muy probablemente retroceden a la declaración de Oseas 6:2 (comparar 1 Cor. 15:4) que habla de Israel como siendo “levantado en el tercer día” Puesto que Jesús representa a Israel como su líder (con una futura resurrección de la nación de Israel aún incumplida). Similarmente, de acuerdo a Oseas 11:1, Israel, el Hijo de Dios, es llamado a salir de Egipto. Un cumplimiento de esta profecía es hallado en la vida de Jesús, como representante de Israel (ver Mat. 2:15).
Es extraño para los estudiantes de la Biblia, particularmente guardadores del Sábado, que desean que la resurrección hubiese ocurrido el Sábado, que concentren toda su atención en una referencia en Mat. 12:40, donde Jesús habló de estar “tres días y tres noches” en el corazón de la tierra. Como será demostrado en un momento, este es un idioma Hebreo familiar para Mateo que no necesita ser tomado, como podría tomarlo alguien de este siglo XX, como queriendo significar exactamente setenta y dos horas.
¿Qué se quiere decir por el tercer día?
Es seguro fundar doctrinas en la evidencia predominante, y esa evidencia señala a la resurrección al tercer día. ¿Qué se quiere decir por el tercer día? En Lucas 13:32, Jesús dice:
“He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra”.
Esta manera de contar el tiempo tiene sus raíces en el Antiguo Testamento Hebreo:
“Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque el tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.” (Éxo. 19:10,11). “Cuando lo haya preguntado a mi padre mañana a esta hora, o el día tercero...” (1 Sam. 20:12).
Este método de calcular el tiempo prohíbe una crucifixión en miércoles y una resurrección en sábado. Desde el miércoles, viernes sería el tercer día (hoy miércoles, mañana Jueves, y el tercer día, el Viernes). Pero, ¿qué día considera Lucas que es el tercer día, p.e., el día de la resurrección (Luc. 9:22, 18:33, 24:7)? La respuesta es simple: Es el Domingo.
“En el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro...y he aquí dos de ellos iban el mismo día (p.e. el primer día de la semana) a una aldea llamada Meaux” (Luc. 24:1,13).
En ese mismo Domingo los discípulos defraudados notan que “hoy (Domingo) ya es TERCER DIA que esto ha acontecido (p.e., la crucifixión, v.21).” Este tercer día, domingo, es el día que los discípulos habían esperado que la resurrección ocurriera, basados en la predicción de Jesús de que él sería levantado en el tercer día. Jesús aún les recuerda esto después de su resurrección: “Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día’” (Luc. 24:46,47). Ese tercer día es el mismísimo Domingo en que se apareció a ellos y el día cuando ellos estuvieron esperando la resurrección (Luc. 24:21).
¿Qué entonces del muy citado “tres días y tres noches” de Mateo 12:40?
Primeramente, ésta no es una exacta predicción si uno insiste en tomar las palabras literalmente. Jesús estuvo en la tumba tres días y tres noches, en ese orden, no “tres días y noches”. Segundo, fue costumbre para los Judíos reconocer alguna parte de tres días y noches como periodos completos de día y noche. Aún en el Antiguo Testamento encontramos un pasaje que no requiere un periodo de tres días completos para cumplir la referencia de “tres días”. En Gén. 42:17 José encarceló a sus hermanos por “tres días” y los soltó al tercer día, antes que se completaran los tres días completos. Algunos pasajes de la literatura Rabínica Judía confirma el uso idiomático de la expresión “tres días y tres noches”. El Rabino Eleazar ben Azarías (100 AD) dice que “tres días y tres noches” son una ‘onah’ (una porción de tiempo) y una porción de un ‘onah’ es como la totalidad de él” (Talmud Jerusalén: Shabbath ix.3, cp. Talmud Babilónico: Peshaim 4ª, citado por H.W. Hoehner en Aspectos Cronológicos de la vida de Cristo, Zondervan, 1977, p.74).
Este punto importante está confirmado por el Comentario del Nuevo Testamento del Talmud y el Midrash por Stack y Billerbeck (disponible sólo en alemán), p. 649. Lo que sigue es una traducción de sus observaciones sobre Mateo 12:40 a la luz de los antecedentes Judíos:
“En relación a la cuenta de los tres días, debemos notar que... parte de un día fue considerado ser como todo el día. R. Ismael (135 AD) trató una parte de un ‘onah’ (en este caso 12 horas) como todo un ‘onah’ (p.e., como una completa 12 horas)...Pesahim 4ª: ‘una parte de un día cuenta como un día completo (lo mismo es cierto de una parte de un mes o un año).”
Algunos han pensado que dos días Sábados deben haber acontecido en la semana de la crucifixión. Ellos sostienen que la mujer trajo las especies después de un Sábado (Mar. 16:1) y antes de un Sábado (Luc. 23:56). A este detalle no se le debe permitir que derribe la fuerte evidencia para la crucifixión en el Viernes, el tercer día antes del Domingo. Puede muy bien ser que dos grupos de mujeres sean distinguidas en el informe (como también antes de la resurrección---Jn. 20:1 comparar con Luc. 24:1). En Mateo 27:55 hay “muchas mujeres”, entre quienes María Magdalena, María, la madre de Santiago y Juan, y la madre de los hijos de Zebedeo están separados. El grupo más grande son “las muchas otras mujeres” de Mar. 15:41. Ellas deben haber preparado especies antes del Sábado semanal (Luc. 23:49,56), mientras que el grupo de tres esperaron hasta antes del Sábado (Mar. 16:1); o alternativamente, las especies pudieron haber sido traídas apresuradamente antes del Sábado. Mar. 16:9 (como un testigo muy temprano de los hechos) coloca la Resurrección en el Domingo: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena...”
La teoría de la resurrección en Sábado no encaja con los hechos del Nuevo Testamento. La resurrección dominical da razón a una celebración semanal de ese gran evento. Esta celebración semanal es reflejada en la reunión de los Cristianos primitivos en el primer día de la semana. Así en Hechos 20:7, hay precisamente tal reunión para partir el pan. La reunión ocurrió en el Domingo al anochecer.
La reunión de Hechos 20:7
Lucas usa la cuenta Romana para calcular los días. En Hechos 4:3 era la tarde, pero la siguiente mañana es “el siguiente día”. En Hechos 20:7 los creyentes se reunieron en el Domingo en la tarde, la tarde del primer día de la semana, y Pablo partió después de haberse partido el pan (v.11), que era “el día siguiente” (v.7). La reunión en Hechos 20 habría incluido un sermón de la Cena del Señor, el cual era celebrado: “cuando os reunís como iglesia” ( 1 Cor. 11:18), “cuando os reunís vosotros” (v.20). La expresión “partido el pan” (Hechos 20:11) no indica precisamente no más que una comida común como lo es en Hechos 2:42, donde está ligado a otras prácticas religiosas, “la enseñanza de los Apóstoles, comunión, y la oración,” Realmente, como dice Pablo, “el pan que partimos ( en la Cena del Señor) es la comunión del cuerpo de Cristo” ( 1 Cor. 10:16). Esta “comunión” Cristiana es un “cumplimiento” de la práctica del Antiguo Testamento de “comer los sacrificios” ( 1 Cor. 10:18-21, Lev. 7:6), que sucedió más que precisamente Anualmente. Sería difícil, por lo tanto, sostener que la “comunión” del Nuevo Testamento o “Cena del Señor” fue celebrada solamente una vez al año. La Cena del Señor fue celebrada “cuando os reunís como iglesia” (1 Cor. 11:18).
El punto necesita ser enfatizado que la comunión Cristiana o “Eucaristía” no es una celebración anual de la Pascua. Ella refleja, por supuesto, los eventos de la Pascua, la sangre del “cordero” Jesús que provee un sacrificio por nuestros pecados. Pero nos recuerda, también, del gran evento en Éxodo 24:7-11 donde la sangre era rociada en la gente como una señal de iniciación dentro del Pacto mediado por Jesús. La “comunión” representa el Nuevo Pacto equivalente a las comidas sacrificadas del Antiguo Testamento---siendo la diferencia que el pan y el vino, que representan el cuerpo y la sangre de Cristo, ahora reemplaza al sacrificio animal. Estas comidas sacrifícales no fueron observadas una vez al año. Así Pablo no habla de una celebración anual de la “Cena del Señor”, sino de una que ocurre “todas las veces que lo bebáis”, “todas las veces que comáis este pan” (1 Cor. 11:25,26).
La Cena del Señor fue instituida en el tiempo de la Pascua Judía, pero es en sí una NUEVA ORDENANZA para recordarnos frecuentemente de la muerte de Cristo y de su presencia resucitada con los creyentes hasta que él venga nuevamente. La Pascua Judía está cumplida en Cristo (“Cristo es nuestra Pascua”, 1 Cor. 5:7, p.e., permanentemente, no sólo una vez al año). La Cena del Señor está instituida para observar los nuevos eventos del Nuevo Pacto y en un “cumplimiento” de algunas sombras diferentes del Antiguo Testamento. Es también un “avance” del banquete que se celebrará en el Reino venidero. El vino simboliza la sangre de Jesús vertida para ratificar el Pacto que concede a los creyentes realeza en el futuro gobierno de Jesús (Luc. 22:20,28-30; Apo. 5:9,10).
La noción de que el Domingo vino a ser importante a los creyentes sólo cuando Constantino lo declaró un día oficial en el Imperio Romano es falso a los hechos de la historia. Tenemos evidencia muy temprana (otra que la de Hechos 20:7; comp.. 1 Cor. 16:2) que los Cristianos se reunían en Domingo para adorar. Esto no fue como una práctica unida por alguna ley, pero como apropiada del gran evento de la resurrección. Es una costumbre apostólica, no una transferencia del Sábado al Domingo.
Como un historiador escribe: “El salvador y los Apóstoles no hicieron reglas fijas para la observancia de días...tampoco los Evangelios y los Apóstoles nos amenazaron con alguna pena, castigo o maldición por el rechazo de ellas ( días fijos), como lo hace la ley Mosaica a los Judíos... el punto de los Apóstoles no era señalar a los días festivos, sino enseñar la vida recta y piadosa” (Sócrates, Historia Eclesiástica, Vol. 5,22, citado en el Diccionario de Cristo y los Evangelios, Vol. I, pág. 252).
La observancia del Domingo como el día de la resurrección es una poderosa confirmación de la evidencia del Nuevo Testamento. En los tempranos días del siglo segundo Bernabé (15:9) escribe: “Nosotros guardamos el octavo día para regocijarnos, en el cual Jesús resucitó de entre los muertos, y habiendo sido manifestado, ascendió a los cielos”. El también habla del octavo día como “el comienzo de otro mundo”. Esto está totalmente en concordancia con Jesús al ser la primicia de la cosecha, y no debemos olvidar que la primicia fue ofrecida a través de su resurrección. Cuán apropiado es que esta resurrección ocurriera en el día (Domingo) tipificado por la sombra del Antiguo Testamento---el Domingo en que la ofrenda de las primicias fue ofrecida. El único Domingo prescrito por la ley como una “sombra” o “tipo” ha sido ahora substituido, ya que la resurrección de Cristo ya ocurrió.
Ignacio (Carta a los Magnesianos, sección 9) en los tempranos días del siglo segundo habla a los creyentes como ya no más observando Sábados sino poniendo en obra sus vidas frente al día del Señor. Justino Mártir (150AD) describe las reuniones Cristianas “en el día llamado Domingo” para la observancia de la Cena del Señor por “todo aquel que vive en la ciudades o en los campos” (Apología I, Sección 67).
La práctica primitiva por cierto no valida todo lo que fue enseñado por los Cristianos en los siglos posteriores a Cristo, ni tampoco significa que no hubo una paganización gradual de la fe culminando en la apostasía bajo Constantino. Pero no puede decirse que Constantino es responsable por la observancia del Domingo. Los guardadores del Sábado no deberían estar temerosos de examinar la referencia de Lucas de una reunión en Domingo en Hechos 20:7 ni la práctica del Nuevo Testamento de ahorrar dinero para la colecta “cada Domingo” (1 Cor. 16:2). No hay texto bíblico que reporte que la iglesia (como distinta de la sinagoga) se reunía en Sábado para adorar. Hechos 20:7 testifica de una reunión de la iglesia en Domingo, y es notable que Pablo, estando en Troas por siete días, esperó hasta el Domingo antes de reunirse con todos los creyentes (Hechos 20:6,7). ¿Por qué no hubo servicio de la iglesia en Sábado?
1 Cor. 16:2 muy bien puede ser una referencia a una reunión regular en el primer día. Como la Biblia de estudio NVI observa, las contribuciones fueron “probablemente colectadas en el servicio de adoración,” no en casa, como algunas versiones implican.
La resurrección de Jesús ocurrió en Domingo, y Domingo, aunque ciertamente no es un Sábado en el sentido del Antiguo Testamento, es un día apropiado para una celebración semanal de la resurrección de Cristo de entre los muertos. Jesús predijo que él resucitaría en el “tercer día”. De hecho, el Nuevo Testamento declara ONCE veces que la resurrección fue en el “tercer día” (Mat. 16:21; 17:23; 20:19; 27:64; Luc. 9:22; 18:33; 24:7, 21, 46; Hechos 10:40; 1 Cor. 15:4).
Estas referencias al “tercer día” muy probablemente retroceden a la declaración de Oseas 6:2 (comparar 1 Cor. 15:4) que habla de Israel como siendo “levantado en el tercer día” Puesto que Jesús representa a Israel como su líder (con una futura resurrección de la nación de Israel aún incumplida). Similarmente, de acuerdo a Oseas 11:1, Israel, el Hijo de Dios, es llamado a salir de Egipto. Un cumplimiento de esta profecía es hallado en la vida de Jesús, como representante de Israel (ver Mat. 2:15).
Es extraño para los estudiantes de la Biblia, particularmente guardadores del Sábado, que desean que la resurrección hubiese ocurrido el Sábado, que concentren toda su atención en una referencia en Mat. 12:40, donde Jesús habló de estar “tres días y tres noches” en el corazón de la tierra. Como será demostrado en un momento, este es un idioma Hebreo familiar para Mateo que no necesita ser tomado, como podría tomarlo alguien de este siglo XX, como queriendo significar exactamente setenta y dos horas.
Es seguro fundar doctrinas en la evidencia predominante, y esa evidencia señala a la resurrección al tercer día. ¿Qué se quiere decir por el tercer día? En Lucas 13:32, Jesús dice:
“He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra”.
Esta manera de contar el tiempo tiene sus raíces en el Antiguo Testamento Hebreo:
“Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque el tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.” (Éxo. 19:10,11). “Cuando lo haya preguntado a mi padre mañana a esta hora, o el día tercero...” (1 Sam. 20:12).
Este método de calcular el tiempo prohíbe una crucifixión en miércoles y una resurrección en sábado. Desde el miércoles, viernes sería el tercer día (hoy miércoles, mañana Jueves, y el tercer día, el Viernes). Pero, ¿qué día considera Lucas que es el tercer día, p.e., el día de la resurrección (Luc. 9:22, 18:33, 24:7)? La respuesta es simple: Es el Domingo.
“En el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro...y he aquí dos de ellos iban el mismo día (p.e. el primer día de la semana) a una aldea llamada Meaux” (Luc. 24:1,13).
En ese mismo Domingo los discípulos defraudados notan que “hoy (Domingo) ya es TERCER DIA que esto ha acontecido (p.e., la crucifixión, v.21).” Este tercer día, domingo, es el día que los discípulos habían esperado que la resurrección ocurriera, basados en la predicción de Jesús de que él sería levantado en el tercer día. Jesús aún les recuerda esto después de su resurrección: “Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día’” (Luc. 24:46,47). Ese tercer día es el mismísimo Domingo en que se apareció a ellos y el día cuando ellos estuvieron esperando la resurrección (Luc. 24:21).
¿Qué entonces del muy citado “tres días y tres noches” de Mateo 12:40? Primeramente, ésta no es una exacta predicción si uno insiste en tomar las palabras literalmente. Jesús estuvo en la tumba tres días y tres noches, en ese orden, no “tres días y noches”. Segundo, fue costumbre para los Judíos reconocer alguna parte de tres días y noches como periodos completos de día y noche. Aún en el Antiguo Testamento encontramos un pasaje que no requiere un periodo de tres días completos para cumplir la referencia de “tres días”. En Gén. 42:17 José encarceló a sus hermanos por “tres días” y los soltó al tercer día, antes que se completaran los tres días completos. Algunos pasajes de la literatura Rabínica Judía confirma el uso idiomático de la expresión “tres días y tres noches”. El Rabino Eleazar ben Azarías (100 AD) dice que “tres días y tres noches” son una ‘onah’ (una porción de tiempo) y una porción de un ‘onah’ es como la totalidad de él” (Talmud Jerusalén: Shabbath ix.3, cp. Talmud Babilónico: Peshaim 4ª, citado por H.W. Hoehner en Aspectos Cronológicos de la vida de Cristo, Zondervan, 1977, p.74).
Este punto importante está confirmado por el Comentario del Nuevo Testamento del Talmud y el Midrash por Stack y Billerbeck (disponible sólo en alemán), p. 649. Lo que sigue es una traducción de sus observaciones sobre Mateo 12:40 a la luz de los antecedentes Judíos:
“En relación a la cuenta de los tres días, debemos notar que... parte de un día fue considerado ser como todo el día. R. Ismael (135 AD) trató una parte de un ‘onah’ (en este caso 12 horas) como todo un ‘onah’ (p.e., como una completa 12 horas)...Pesahim 4ª: ‘una parte de un día cuenta como un día completo (lo mismo es cierto de una parte de un mes o un año).”
Algunos han pensado que dos días Sábados deben haber acontecido en la semana de la crucifixión. Ellos sostienen que la mujer trajo las especies después de un Sábado (Mar. 16:1) y antes de un Sábado (Luc. 23:56). A este detalle no se le debe permitir que derribe la fuerte evidencia para la crucifixión en el Viernes, el tercer día antes del Domingo. Puede muy bien ser que dos grupos de mujeres sean distinguidas en el informe (como también antes de la resurrección---Jn. 20:1 comparar con Luc. 24:1). En Mateo 27:55 hay “muchas mujeres”, entre quienes María Magdalena, María, la madre de Santiago y Juan, y la madre de los hijos de Zebedeo están separados. El grupo más grande son “las muchas otras mujeres” de Mar. 15:41. Ellas deben haber preparado especies antes del Sábado semanal (Luc. 23:49,56), mientras que el grupo de tres esperaron hasta antes del Sábado (Mar. 16:1); o alternativamente, las especies pudieron haber sido traídas apresuradamente antes del Sábado. Mar. 16:9 (como un testigo muy temprano de los hechos) coloca la Resurrección en el Domingo: “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena...”
La teoría de la resurrección en Sábado no encaja con los hechos del Nuevo Testamento. La resurrección dominical da razón a una celebración semanal de ese gran evento. Esta celebración semanal es reflejada en la reunión de los Cristianos primitivos en el primer día de la semana. Así en Hechos 20:7, hay precisamente tal reunión para partir el pan. La reunión ocurrió en el Domingo al anochecer.
Lucas usa la cuenta Romana para calcular los días. En Hechos 4:3 era la tarde, pero la siguiente mañana es “el siguiente día”. En Hechos 20:7 los creyentes se reunieron en el Domingo en la tarde, la tarde del primer día de la semana, y Pablo partió después de haberse partido el pan (v.11), que era “el día siguiente” (v.7). La reunión en Hechos 20 habría incluido un sermón de la Cena del Señor, el cual era celebrado: “cuando os reunís como iglesia” ( 1 Cor. 11:18), “cuando os reunís vosotros” (v.20). La expresión “partido el pan” (Hechos 20:11) no indica precisamente no más que una comida común como lo es en Hechos 2:42, donde está ligado a otras prácticas religiosas, “la enseñanza de los Apóstoles, comunión, y la oración,” Realmente, como dice Pablo, “el pan que partimos ( en la Cena del Señor) es la comunión del cuerpo de Cristo” ( 1 Cor. 10:16). Esta “comunión” Cristiana es un “cumplimiento” de la práctica del Antiguo Testamento de “comer los sacrificios” ( 1 Cor. 10:18-21, Lev. 7:6), que sucedió más que precisamente Anualmente. Sería difícil, por lo tanto, sostener que la “comunión” del Nuevo Testamento o “Cena del Señor” fue celebrada solamente una vez al año. La Cena del Señor fue celebrada “cuando os reunís como iglesia” (1 Cor. 11:18).
El punto necesita ser enfatizado que la comunión Cristiana o “Eucaristía” no es una celebración anual de la Pascua. Ella refleja, por supuesto, los eventos de la Pascua, la sangre del “cordero” Jesús que provee un sacrificio por nuestros pecados. Pero nos recuerda, también, del gran evento en Éxodo 24:7-11 donde la sangre era rociada en la gente como una señal de iniciación dentro del Pacto mediado por Jesús. La “comunión” representa el Nuevo Pacto equivalente a las comidas sacrificadas del Antiguo Testamento---siendo la diferencia que el pan y el vino, que representan el cuerpo y la sangre de Cristo, ahora reemplaza al sacrificio animal. Estas comidas sacrifícales no fueron observadas una vez al año. Así Pablo no habla de una celebración anual de la “Cena del Señor”, sino de una que ocurre “todas las veces que lo bebáis”, “todas las veces que comáis este pan” (1 Cor. 11:25,26).
La Cena del Señor fue instituida en el tiempo de la Pascua Judía, pero es en sí una NUEVA ORDENANZA para recordarnos frecuentemente de la muerte de Cristo y de su presencia resucitada con los creyentes hasta que él venga nuevamente. La Pascua Judía está cumplida en Cristo (“Cristo es nuestra Pascua”, 1 Cor. 5:7, p.e., permanentemente, no sólo una vez al año). La Cena del Señor está instituida para observar los nuevos eventos del Nuevo Pacto y en un “cumplimiento” de algunas sombras diferentes del Antiguo Testamento. Es también un “avance” del banquete que se celebrará en el Reino venidero. El vino simboliza la sangre de Jesús vertida para ratificar el Pacto que concede a los creyentes realeza en el futuro gobierno de Jesús (Luc. 22:20,28-30; Apo. 5:9,10).
La noción de que el Domingo vino a ser importante a los creyentes sólo cuando Constantino lo declaró un día oficial en el Imperio Romano es falso a los hechos de la historia. Tenemos evidencia muy temprana (otra que la de Hechos 20:7; comp.. 1 Cor. 16:2) que los Cristianos se reunían en Domingo para adorar. Esto no fue como una práctica unida por alguna ley, pero como apropiada del gran evento de la resurrección. Es una costumbre apostólica, no una transferencia del Sábado al Domingo.
Como un historiador escribe: “El salvador y los Apóstoles no hicieron reglas fijas para la observancia de días...tampoco los Evangelios y los Apóstoles nos amenazaron con alguna pena, castigo o maldición por el rechazo de ellas ( días fijos), como lo hace la ley Mosaica a los Judíos... el punto de los Apóstoles no era señalar a los días festivos, sino enseñar la vida recta y piadosa” (Sócrates, Historia Eclesiástica, Vol. 5,22, citado en el Diccionario de Cristo y los Evangelios, Vol. I, pág. 252).
La observancia del Domingo como el día de la resurrección es una poderosa confirmación de la evidencia del Nuevo Testamento. En los tempranos días del siglo segundo Bernabé (15:9) escribe: “Nosotros guardamos el octavo día para regocijarnos, en el cual Jesús resucitó de entre los muertos, y habiendo sido manifestado, ascendió a los cielos”. El también habla del octavo día como “el comienzo de otro mundo”. Esto está totalmente en concordancia con Jesús al ser la primicia de la cosecha, y no debemos olvidar que la primicia fue ofrecida a través de su resurrección. Cuán apropiado es que esta resurrección ocurriera en el día (Domingo) tipificado por la sombra del Antiguo Testamento---el Domingo en que la ofrenda de las primicias fue ofrecida. El único Domingo prescrito por la ley como una “sombra” o “tipo” ha sido ahora substituido, ya que la resurrección de Cristo ya ocurrió.
Ignacio (Carta a los Magnesianos, sección 9) en los tempranos días del siglo segundo habla a los creyentes como ya no más observando Sábados sino poniendo en obra sus vidas frente al día del Señor. Justino Mártir (150AD) describe las reuniones Cristianas “en el día llamado Domingo” para la observancia de la Cena del Señor por “todo aquel que vive en la ciudades o en los campos” (Apología I, Sección 67).
La práctica primitiva por cierto no valida todo lo que fue enseñado por los Cristianos en los siglos posteriores a Cristo, ni tampoco significa que no hubo una paganización gradual de la fe culminando en la apostasía bajo Constantino. Pero no puede decirse que Constantino es responsable por la observancia del Domingo. Los guardadores del Sábado no deberían estar temerosos de examinar la referencia de Lucas de una reunión en Domingo en Hechos 20:7 ni la práctica del Nuevo Testamento de ahorrar dinero para la colecta “cada Domingo” (1 Cor. 16:2). No hay texto bíblico que reporte que la iglesia (como distinta de la sinagoga) se reunía en Sábado para adorar. Hechos 20:7 testifica de una reunión de la iglesia en Domingo, y es notable que Pablo, estando en Troas por siete días, esperó hasta el Domingo antes de reunirse con todos los creyentes (Hechos 20:6,7). ¿Por qué no hubo servicio de la iglesia en Sábado?
1 Cor. 16:2 muy bien puede ser una referencia a una reunión regular en el primer día. Como la Biblia de estudio NVI observa, las contribuciones fueron “probablemente colectadas en el servicio de adoración,” no en casa, como algunas versiones implican.