La mal interpretada “personalidad” del Espíritu Santo
Por Leonardo Betetto

Las citas de las escrituras inspiradas son versión propia del autor, excepto expresa aclaración de otra.
(Ma’asêh/Hch. 5:1-4): “Un hombre llamado Hanan’yâhû, con Shâphirâh su mujer, vendió una propiedad. Siendo cómplice su mujer, tomó del dinero y trajo sólo una parte y la puso a disposición de los emisarios. Dijo Këfa (Pedro): Hananyâhû: ¿Cómo es qué llenó Śâtân tu corazón para que mintieras al rûach qôdesh (Espíritu Santo), y te quedaras con parte del dinero de la propiedad? ¿No era tuya antes de ser vendida? Y luego de vendida ¿No estaba el dinero en tu poder? ¿Por qué concebiste esto en tu corazón? ¡No has mentido a los hombres, sino a ‘Elohîym (Dios)!”
Basándose en este suceso de los Ma’asîym (Hechos), afirman que dada la expresión de Këfa: mintieses al rûach qôdesh, no has mentido a los hombres, sino a ‘Elohîym, implica que el rûach qôdesh es una persona distinta dentro de ‘Elohîym.
El pasaje no dice que ‘Elohîym sea una Trinidad, ni que el rûach qôdesh sea una tercera persona, ni que sea una persona distinta dentro de ‘Elohîym. Observen que Hananyâhû trajo solo parte del dinero de la propiedad, y lo presentó a los emisarios. Hananyâhû dio cabida a una mentira ante quienes se le ha concedido el tener del rûach de ‘Elohîym, y a él no le podemos engañar, porque ¿A dónde iremos que no esté su rûach?
(Tehilîym/Sal. 139:7): ¿A dónde me alejaría de tu rûach? ¿A dónde huiría de tu presencia?
Nótese que la presencia de Yāhwëh es el mismo rûach, esto es, su rûach. El hombre pensó que quizás podría engañar a ‘Elohîym, puesto que parte del dinero fue presentada ante los emisarios, pero “El rûach (espíritu) todo lo escudriña, aún lo profundo de ‘Elohîym (Dios)”; por tanto la mentira de este hombre era imposible de pasar por alto por parte de Yāhwëh, pues por su rûach todo lo escudriña. Hananyâhû no estaba mintiendo a estos hombres, sino a Yāhwëh mismo.
De igual manera podría decir que hemos mentido, supuestamente dado el caso pertinente, al rûach de un hombre, mas no por ello a una persona diferente a ese hombre, pero que a su vez es ese mismo hombre. El decir, has mentido a su rûach, no has mentido a otro sino al mismo, podría significar que hemos mentido a una sola persona, que es ese ser; más no por ello a una segunda persona diferente a él.
Lo mismo sucede con otros pasajes de las Escrituras, donde el rûach viene:
(I Shemû’êl/S. 19:20): “[...] Vino el rûach de ‘Elohîym sobre los mensajeros de Sh’ăûl, y también ellos profetizaron.”
(Mattit’yâhû/Mt. 3:16): “Yâhûshu’a (Jesús), después de ser sumergido subió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y vio el rûach de ‘Elohîym que venía sobre él como paloma.”
(Lucás 1:35): “El mensajero respondió: El rûach qôdesh vendrá sobre ti, y el poder del ‘Elyôn te cubrirá. Así el Ser Qadôsh que nacerá lo llamarán: Hijo de ‘Elohîym.”
En el pasaje de Lucás 1:35 vemos como el rûach qôdesh vendrá sobre Miryam y el poder del Poderoso Más Alto (Êl 'Elyôn) operó. No obstante el Ser Qadôsh fue llamado Hijo de ‘Elohîym (el Padre), es decir, ‘Elohîym hace por su rûach. Y si el rûach de Yāhwëh es de Yāhwëh, no puede ser nunca una persona distinta a Yāhwëh.
En las siguientes citas, el rûach qôdesh manifiesta su parecido, prohíbe, pone en el rebaño, y dice:
(Ma’asêh/Hch. 15:28): “Aprobado por el rûach qôdesh (espíritu santo) y nosotros, no impondremos ninguna carga más que estas cosas necesarias […]”
(Ma’asêh/Hch. 16:6): “Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que les fue prohibido por el rûach qôdesh hablar la palabra en Asia […]”
(Ma’asêh/Hch. 20:28): “Tengan cuidado de ustedes, y de todo el rebaño en que el rûach qôdesh los ha puesto como cuidadores para el cuidado de la congregación de ‘Elohîym, la cual él ganó por la sangre del Suyo.”
(Ma’asêh/Hch. 21:11): “Vino a vernos, tomó el cinturón de Sh’ăûl, se ató de pies y manos diciendo: Así dice el rûach qôdesh: De esta forma atarán los yahûdîym en Yerûshalaim al dueño de este cinturón, y le entregarán en manos de los gentiles.”
Como sabemos, el rûach qôdesh es el consolador de los renacidos en Mâshîyach Yâhûshu’a (Mesías Jesús); el cual guía, fortalece y enseña viviendo en el creyente. Es pues, el rûach del Padre que mora en el engendrado de él, a quién ha parecido bien, prohíbe y dice, por tanto al ‘Elohîym el Padre mismo. Este es un caso donde un instrumento se convierte en el agente ejecutante por si mismo, como si se tratara de una conciencia separada. Por ejemplo, el profeta dice:
(Yirme'yâhû/Jer. 8:8): "¿Cómo dicen: Nosotros somos sabios, y la Tôrâh de Yāhwëh está con nosotros? ¡De cierto, he aquí! En falso hizo [la pluma]. Pluma falsa [es] la de los sâfârîym."
Dice que la pluma hace y es falsa (algunas versiones dicen “pluma mentirosa”) es la de los sâfârîym (escribas). Sin embargo el profeta está transfiriendo a la pluma, una actitud mentirosa que tiene su origen en el escriba, pues la pluma por sí misma no puede mentir ni hacer. Lo mismo sucede con el rûach qôdesh: Es Yāhwëh el que hace, dice, consuela, y lo hace por su rûach; nosotros interactuamos con Él por su rûach, por eso es común ver en la escritura decir que es el mismo rûach quien está haciendo las cosas.
Una analogía más sería decir que el nexo de comunicación de un buzo submarino con el mundo exterior; específicamente los compañeros que están en la superficie, es un monitor de computadora. Si los que están en la superficie dan una indicación a los buzos, lo harán por el este medio, es decir, tenemos un mensaje que es dado por. Ahora bien, sería absurdo decir que el mensaje o el medio por el cual viene, que es el monitor, es una persona adicional a las de la superficie, puesto que habla, indica, guía, etc. Lo que sucede es que las personas que los están guiando desde la superficie se valen del monitor para llegar a los compañeros. En tal caso podríamos decir: “Nos ha indicado el monitor que nos dirijamos hacia la superficie.”
Ahora bien, es obvio que quien habla no es el monitor sino los de la superficie utilizando como medio el monitor. No obstante, como el monitor es lo que tienen de ellos los que están en las profundidades, sería lógico por su parte, que los buzos llegaran a decir en algún momento que el monitor les guía, les dice, etc.
Ma’asêh 20:28 nos dice que el rûach los ha asignado como cuidadores, y ‘Elohîym ha comprado la congregación con la sangre del Mâshîyach (del Suyo).
Vemos como el rûach qôdesh habla luego de invocación y ayuno:
(Ma’asêh/Hch. 13:1-4): “En la congregación de Antioquia había profetas y maestros: Bar Navîy, Shimôn llamado Niger, Lucius de Cirene, Manahén, criado junto con Herodes el tetrarca, y Sh’ăûl. Mientras celebraban culto a Yāhwëh y ayunando, el rûach qôdesh dijo: Sepárenme a Bar Navîy y a Sh’ăûl para la obra a que los he llamado. Así que luego de hacer invocación y ayuno, les impusieron las manos y los despidieron. Enviados por el rûach qôdesh, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.”
Bar Navîy y Sh’ăûl fueron apartados para ir a Seleucia enviados por el rûach qôdesh, luego de invocación y ayuno. Es decir, ellos sintieron la voz del rûach de Yāhwëh (no voz literal) que les ordenaba e indicaba el camino, puesto que es quién guía a la congregación, el consolador tal como declara el Yâhûshu’a (Yôchânân/Jn. 16:7). Pero el afirmar que el rûach qôdesh que vive en ellos dice y envía, es decir que el Padre así lo dispone por su rûach que mora en ellos (así como resucitará a los qadôshim por su rûach que habita en ellos <Romanos 8:11>).
(Efesios 4:30-31): “No aflijan al rûach qôdesh de ‘Elohîym, con el cual fueron sellados para el día de la salvación. Que no haya en ustedes amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, y ningún tipo de maldad.”
Los que apoyan la doctrina de la Trinidad, dicen también que el rûach de Yāhwëh es una tercera persona, ya que puede ser afligido. Este argumento carece también de validez, ya que precisamente como venimos diciendo, el rûach es permanentemente personificado. Si observamos v31 dice: Quítense amargura, enojo, ira, gritos, y otras maldades que nada tienen que ver con el rûach. Está claro que la referencia es a no superponer sobre el rûach de Yāhwëh que mora en el creyente, obras de la carne que entristezcan al rûach que les ha dado en sus corazones, y por el cual han sido sellados para el día de la liberación (Efesios 1:13, 4:30).
Un ejemplo sería I Yôchânân/Jn. 5:8, donde se dice que el rûach, el agua y la sangre testifican. Ahora bien, es evidente que tanto el agua como la sangre (ya explicamos que el rûach tampoco) no son personas, sin embargo testifican ¿Cómo puede testificar el agua y la sangre? La escritura está llena de hebraísmos que nos dan a conocer las verdades de Yāhwëh. De hecho, esta forma de hablar de las Escrituras, con la consiguiente interpretación literal, son la razón por la cual se deforma su contenido.
(Mattit’yâhû/Mt. 10:20): “Porque no son ustedes los que hablan, sino el rûach de su Padre que habla en ustedes.”
Estas palabras de Yâhûshu’a en el rollo de Mattit’yâhû muestran que el rûach del Padre habla, ya que es él mismo en el creyente, esto es, están en el rûach. El rûach inspira. Yâhûshu’a dijo que es el rûach del Padre el que habla, es decir el Padre está hablando, no una tercera persona divina. El rûach qôdesh nunca ha hablado con voz literal, sino que siempre lo ha hecho por y en hombres.
El rûach qôdesh también es repartido, lo cual concuerda con el hecho de ser el aliento/viento de Yāhwëh, es decir no es alguien sino algo:
(Hebreos 2:4): “‘Elohîym también dio testimonio con ellos, con señales, prodigios, diversos milagros, y distribución del rûach qôdesh según su voluntad.”
La voluntad es de ‘Elohîym, y la distribución es de su rûach. Quienes han sido instruidos en que “el Espíritu es Dios”, o una “tercera persona”, perciben de inmediato esta afirmación como una ofensa a “Dios”. ¡Y bien que es una ofensa a Dios! Pues el Dios del cristianismo es muy diferente a Yāhwëh ‘Elohîym.
Lo que dice Hebreos 2:4 es que testificando ‘Elohîym (el Padre Yāhwëh), haciendo prodigios entre las gentes con repartimiento (¿Puede ser una persona repartida?) de su rûach, según su (del Padre Yāhwëh) voluntad. Aquí queda claro que quien hace es el Padre por su rûach. Lo mismo acontece con el pasaje de Romanos, donde la resurrección la hace el Padre por medio de su rûach:
(Romanos 8:11): “Si el rûach de Aquel (el Padre) que resucitó a Yâhûshu’a habita en ustedes, el (el Padre) que resucitó al Mâshîyach, dará vida también a sus cuerpos mortales, por su rûach (Su poder: I Corintios 6:14*) que habita en ustedes.”
*(I Corintios 6:14): “Así como ‘Elohîym (el Padre) resucitó al Adôn (el Mâshîyach), también a nosotros nos resucitará por su poder.”
El rûach qôdesh le habla al creyente dándole testimonio que es hijo de ‘Elohîym. Incluso intercede por él, ya que es su poder en el apartado:
(Romanos 8:16): “El mismo rûach testifica al nuestro, que somos hijos de ‘Elohîym.”
Como vimos en I Yôchânân/Jn. 5:8, el agua y la sangre también dan testimonio, mas no por ello son personas. Es la presencia del rûach en nuestro interior como “río de agua viva” (Yôchânân/Jn. 7:38), que nos atestigua que somos hijos de Yāhwëh. Dice Romanos 8:16 que el rûach de ‘Elohîym testifica al nuestro ¿Qué significa que nuestro rûach recibe testimonio? ¿Es acaso una persona nuestro rûach diferente? ¿Cuántas personas hay dentro de un hombre entonces, dos, dos en uno, tres, tres en uno? Significa que “el Padre” nos testifica “por su rûach”.
(Romanos 8:26-27): “Asimismo el rûach nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos pedir lo que corresponde; no obstante, el rûach mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse en palabras. El que escudriña en los corazones sabe cuál es el propósito del rûach, porque conforme a ‘Elohîym (el Padre), intercede por los qadôshîym.“
Algo similar sucede con este pasaje: Pareciera como que alguien separado de Yāhwëh hiciera intercesión por la congregación. Sh’ăûl dice que el rûach pide según la voluntad del Padre, es decir, el que hace es el Padre por su rûach, puesto que es el nexo de unión al mismo. Su poder abarca mas allá de lo que el escogido puede llegar a expresar mediante sus propias ideas y palabras, de manera que el rûach le da forma ante ‘Elohîym. No obstante, no hay razón para suponer siquiera que se trata de una persona diferente. El pasaje hace referencia a un acto volitivo por parte del Padre, de manera que su poder es el medio por el cual sostiene a su congregación. Dice que “el que escudriña los corazones…” ¿Quién escudriña? Es el Padre; lo hace mediante su poder, de manera que el mismo rûach sirve de nexo para su voluntad y conocimiento, pues la expresión “propósito del rûach”, es una forma de expresar lo que el mismo Padre demanda y hace.
La versión Reina Valera 1995, hace mención a Tehilâh 139, donde dice el que escudriña los corazones:
Tehilîym/Sal. 139:1-7:
“Yāhwëh, tú me examinas íntimamente y conoces.
Sabes cuando me siento, y cuando me pongo de pié; entiendes mis pensamientos a la distancia.
Escudriñas mi rumbo, y mi reposo; conoces todos mis caminos.
Aún no llegan las palabras a mi lengua; he aquí, Yāhwëh, ya sabes cada una de ellas.
Me rodeas por delante y detrás; y pones tu mano sobre mí.
Este conocimiento es admirable para mí; es tan elevado, que no lo puedo comprender.
¿A dónde me alejaría de tu rûach? ¿A dónde huiría de tu presencia?”
Dice “tu mano”, lo cual recuerda a la expresión dedo de ‘Elohîym (Shemôt/Éx. 8:19, 31:18; Dâbârîym/Dt. 9:10; Lucás 11:20); es decir, el rûach de Yāhwëh es su dedo, el medio por el cual hace las cosas. Su rûach todo lo puede, es decir está en todas partes. No es una tercera persona con esta capacidad, sino el Padre lo es. El rûach es una forma interfaz entre el hombre con su capacidad limitada para expresarse, pues cuando sondea la mente y el corazón, ‘Elohîym conoce de antemano la intención del hombre; pero debe notarse que se refiere siempre a Yāhwëh. Lo dice en el último versículo “¿Donde me alejaría de tu rûach?”. Y el rûach no es una persona distinta al ‘Elohîym el Padre que media con el hombre, sino que es su mismo poder en acción donde manifiesta su palabra.
La blasfemia contra el rûach qôdesh:
(Mattit’yâhû/Mt. 12:32): “Todo aquel que diga algo contra el Hijo de Adam, se le perdonará. No se le perdonará al que diga contra el rûach qôdesh; ni en este tiempo, ni en el próximo.”
En base a estas palabras de Yâhûshu’a, dicen que el rûach qôdesh es ‘Elohîym, y una persona diferente al Padre y al Hijo, aunque ‘Elohîym mismo. Para entender que dijo Yâhûshu’a necesitamos ver el contexto de sus palabras. El Mâshîyach durante su ministerio hecho fuera demonios, sanó enfermos que padecían de distintas dolencias, levantó muertos, y alivió a los afligidos de corazón. En cierta ocasión luego de echar fuera un ser maligno (Mattit’yâhû/Mt. 12:22), los pârûshîym le acusan de hacer el prodigio por Ba’al Zibbûl. Luego de decirles que un gobierno no puede estar dividido contra si mismo ya que sucumbiría, les dice que la blasfemia contra el rûach no será perdonada, ya que habían blasfemado de Yāhwëh, por el hecho de decir que sus operaciones eran obra de un poder ajeno.
Semejante afirmación en relación al poder mediante el cual Yâhûshu’a actuó, es blasfemar contra Yāhwëh mismo, puesto que el poder del Padre operando, es por supuesto, el mismo Padre, tal como vemos otra afrenta contra el rûach en el libro de las Ma’asêh, cuando Hanan’yâhû miente a Këfa (Ma’asêh/Hch. 5:4).
Dice la Enciclopedia Católica:
(Enciclopedia Católica, Sobre la Santísima Trinidad): “En relación a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, hay pocos pasajes que pueden ser citados de los Sinópticos que atestigüen Su personalidad distintiva. Las palabras de Gabriel (Lucas 1:35) haciendo alusión al uso del término "el Espíritu" en el Antiguo Testamento, para significar a Dios como operativo en Sus criaturas, puede decirse que difícilmente contiene una revelación definitiva de la doctrina. Por la misma razón, es dudoso si la advertencia de Cristo a los fariseos en relación a la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mateo 12:31) puede ser usada como prueba. Aunque en Lucas 12:12, " el Espíritu Santo les enseñará lo que tengan que decir." (Mateo 10:20 y Lucas 24:49), Su personalidad está claramente denotada.”
Dice la Enciclopedia Católica, que al enseñar el Espíritu Santo, la personalidad de éste está claramente denotada, a pesar que anteriormente dice difícilmente contiene una revelación definitiva de la doctrina.
En absoluto es así, al menos para el rûach de Yāhwëh: Que el rûach qôdesh enseñe, no denota que sea una tercera persona componente de una Santísima Trinidad. Ya vimos el caso concreto de la pluma mentirosa que hace ¿Implica que la pluma haga y mienta, que tiene personalidad? No. Así entonces: Es el Padre y el Hijo quienes hacen por medio de su rûach, lo cual no quita que podamos decir que el rûach hace.
En cuanto al género de la palabra, esto es, el pronombre masculino utilizado en pneuma (rûach), es un argumento inválido también, ya que en los escritos figura también en femenino. La rûach o rûach es el “viento”. Aunque también se les llame Rûchôt/espíritus a las personas con cuerpo sobrenatural, o como una forma de hacer referencia al rûach de vida, o una cualidad de alguien.
Por ejemplo, puedo decir: ¡Que rûach/espíritu poderoso el de esa persona!
Estoy denotando una cualidad, y para nada estoy diciendo que otra persona rûach sea fuerte; sino que es el mismo hombre el que es fuerte. Tampoco estoy diciendo que son dos personas (Persona-rûach, y Persona-cuerpo) en una unidad. Tampoco quita esto que pueda decir que esa persona es un espíritu, pues la Escritura da testimonio de ello.
Esto también llevó a interpretar que el rûach de una persona es una dimensión de él, que es enteramente la persona, pero que existe en otro plano. A su vez llevó a la cristiandad a incorporar el concepto de alma inmortal, o alma incorruptible que continúa la vida luego de morir. Así: Alma inmortal y Trinidad son doctrinas paganas, que se incorporaron en la cristiandad en el marco del caer de la fidelidad (apostasía) (I Timoteo 1:4).
En el nombre de Yâhûshu’a el Mâshîyach
Para la honra de
Yāhwëh nuestro ‘Elohîym
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El Dubitativo Tomás y su entusiasta Exclamación

Por Sir Anthony F. Buzzard (Unitario)
Pero, ¿qué del dubitativo Tomás? Cuando este ex-escéptico exclamó al resucitado Jesús, “Mi Señor y mi Dios” (Juan 20:28), ¿tuvo él, en una simple frase, y delante de sus compañeros (como admiten los Trinitarios) alguna idea de la Deidad de Jesús, y de fundar una teología que hiciera a Jesús parte de una Trinidad y por tanto “Dios verdadero de Dios verdadero,” junto a los lineamientos de las fórmulas de Nicea y Calcedonia?¿Declaró él que Jesús era parte de una Deidad de dos personas como otros afirman. A pesar de la clara aplicación de Tomás del término “Dios” a Jesús en Juan 20:28, el bien conocido teólogo Emil Brunner hace la siguiente observación significativa:
La historia de la teología y del dogma Cristiano nos enseña a considerar el dogma de la Trinidad como el elemento distintivo en la idea Cristiana de Dios...Por otro lado debemos admitir honestamente que la doctrina de la Trinidad no formó parte de los Cristianos primitivos del Nuevo Testamento...nunca fue la intención de los testigos originales de Cristo en el Nuevo Testamento establecer ante nosotros el problema intelectual--- aquel de tres personas divinas---y luego decirnos que adoremos en silencio este misterio de tres en uno. No hay huella de semejante idea en el Nuevo Testamento. Este “mysterium logicum,” el hecho de que Dios es tres y aún uno, se encuentra totalmente fuera del mensaje de la Biblia. Es un misterio que la iglesia coloca delante del fiel en su teología...pero que no tiene ninguna conexión con el mensaje de Jesús y los Apóstoles. Ningún Apóstol hubiera soñado en pensar que aquí hay tres personas divinas cuyas mutuas relaciones y unidad paradójica están más allá de nuestras comprensiones. El misterio de la Trinidad...es un seudo-misterio el cual apareció de una aberración en el pensamiento lógico de las líneas escritas en la Biblia, y no de la doctrina bíblica misma.
El significado de las palabras debe buscarse dentro del ambiente en donde fueron escritas. La Biblia no fue compuesta en el siglo 21, ni tampoco sus escritores supieron nada de los credos subsecuentes y de los concilios. El contexto es del todo importante para determinar la intención del autor. Dentro de las páginas del Evangelio de Juan Jesús nunca se refirió a sí mismo como Dios. El hecho es que el Nuevo Testamento aplica la palabra Dios---en su forma Griega ho theos---a Dios, el Padre solamente unas 1350 veces. Las palabras ho theos (i.e., el único Dios), usadas absolutamente, no son aplicadas con certeza en ninguna parte a Jesús. La palabra que Tomás usó para describir en Juan 20:28 fue en efecto theos. Pero Jesús mismo había reconocido que el Antiguo Testamento llama a los jueces “dioses,” cuando él se refirió en Juan 10:34 al Salmo 82:6: “¿No está escrito en vuestra ley: ‘Yo dije, dioses sois’”? Theos (aquí en el plural, theoi) aparece en la versión Septuaginta Griega del Antiguo Testamento como un título de los hombres que representan al único Dios verdadero.
Jesús en ninguna ocasión se refirió a si mismo como Dios en el sentido absoluto. ¿Qué precedente tenía Tomás para llamar a Jesús “mi Dios”? Indiscutiblemente, los Cristianos primitivos usaron la palabra “dios” con un amplio significado de lo que es hoy habitual. “Dios” fue un título descriptivo aplicado a un rango de autoridades, incluyendo al emperador Romano. No estaba limitado a su sentido absoluto como un nombre personal para la Deidad suprema como solemos usar hoy. Fue de la Iglesia primitiva que las palabras bíblicas llegaron a nosotros, y es de ese ambiente Neo Testamentario que nosotros debemos descubrir sus significados.
La idea de Martín Lutero de que “las Escrituras comenzaron muy despacio, y que nos condujeron a Cristo como hombre, luego a uno que es Señor sobre todas sus criaturas, y después de eso a uno que es Dios” encuentra poco apoyo en el Nuevo Testamento. Ella refleja la presión de tener que cuadrar la tradición recibida con el texto de la Biblia. La enseñanza registrada de Jesús está en contra de cualquier desviación del estricto monoteísmo unipersonal de la Torah. Afirmando el credo de Israel, Jesús había proclamado: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29). El expresó su lealtad a la más enfática declaración de creencias de Israel. Sus palabras fueron difícilmente calculadas para inducir a los discípulos “muy suavemente” a creer en otro que es Dios. Semejante concepto es muy contradictorio. La absoluta confirmación de Jesús del principal credo del Judaísmo, cuando es leída asintiendo sus palabras claras que retienen su significado prístino, debería ya ser vista como una prueba de su aprobación del monoteísmo unitario del Antiguo Testamento.
Tomás, quien no pudo creer que una resurrección había tenido lugar hasta que él tuvo una fuerte evidencia verificable, comprendió finalmente la exaltada posición que asumió Jesús como el resucitado Mesías. La anhelada grandeza nacional para Israel parecía ser una posibilidad real. La afirmación de Jesús de ser el prometido Mesías estaba ahora confirmada. Jesús finalmente se convirtió en el Señor de Tomás y en el “Dios” de la era venidera del Reino. Tomás estaba bien familiarizado con las predicciones del Antiguo Testamento acerca del Reino. La promesa a Israel era que “un niño nos es nacido, hijo no es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isa. 9:6).
Esta fue una declaración clara e inequívoca acerca de un Mesías venidero. Pero este “Dios Fuerte” de Isaías 9:6 es definido por el destacado Léxico Hebreo del Antiguo Testamento como un “héroe divino que refleja la majestad divina.”
En cuanto a la expresión “Padre Eterno”, el título fue entendido que significaba para los Judíos “el padre de la Era (Mesiánica) Venidera.” La palabra Septuaginta (Griega) para “eterno” en este caso no necesita transmitir la idea de “siempre y para siempre,” “por toda la eternidad” pasada y futura, como normalmente lo entendemos, sino que contiene el concepto “relacionado a la era (futura).” Verdaderamente Jesús, el Señor Mesías, será el padre de la Era Venidera del Reino de Dios en la tierra hasta que “todas las cosas le estén sujetas. Entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Cor. 15:28). Es extensamente reconocido por la comunidad Judía que un líder político humano podía ser llamado padre. Isaías afirma de un líder en Israel: “y entregaré en sus manos tu potestad; y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá” (Isaías 22:21).
Tomás, al igual que Judas, vino a reconocer a uno que sería “Dios” de la Era Venidera, que reemplaza a Satanás, el “Dios” de la presente era (2 Cor. 4:4). Tomás no había arribado sorpresivamente a una nueva creencia revolucionaria de que Jesús era “verdadero Dios de Dios verdadero”. No había nada en el Antiguo Testamento concerniente al Mesianismo de Jesús que predijera que un ser eterno inmortal vendría a ser una persona humana como el prometido Rey de Israel. Sin embargo el rey humano podía en raras ocasiones ser llamado como “Dios” como en Salmo 45:6, dónde a él también se le da el título “señor” (v.11). Ambos “Señor” y “Dios” son títulos Mesiánicos, y usados apropiadamente por Juan quien escribió su libro entero para convencernos de que Jesús era el Mesías (Juan 20:31).
La realidad dio en el clavo para el escéptico Tomás cuando él reconoció que era a través del resucitado Jesús que Dios iba a restaurar las fortunas de Israel. Así Jesús vino a ser “Dios” para Tomás en una forma paralela al sentido en el que Moisés había disfrutado del estatus de “Dios” en la presencia del Faraón: ‘Mira, yo te he constituido Dios ante Faraón’ (Exodo 7:1). Estos títulos de gran honor otorgados sobre los instrumentos humanos de Dios no usurpaban el estricto monoteísmo del Antiguo Testamento. Tampoco deben implicar el derrumbe del primer principio de la Biblia: Dios es una persona, no dos o tres (Marcos 12:29). El ángel del Señor en el Antiguo Testamento pudo también ser llamado “Dios” como un representante del único Dios de Israel (Gén. 16:9,10,11,13). La autoridad de Yahweh fue transferida a él porque “el nombre de Dios estaba en él” (Exo. 23:20,21). En el mundo contemporáneo “Dios” no significa lo que significa para nosotros hoy. Una inscripción datada en el 62 AC llama al Rey Ptolomeo XIII “el señor rey dios.” Los judíos medievales se refirieron a David como “nuestro Señor David” y “y nuestro Señor Mesías,” basados en el Salmo 110:1 (cp. Lucas 2:11).
Un teólogo Trinitario del siglo diecinueve tiene esto que decir de la forma cómo Tomás se dirige a Jesús: “Tomás usó la palabra ‘Dios’ en el sentido en que es aplicado a los reyes y jueces (quienes son considerados como representantes de la Deidad) y extraordinariamente al Mesías.”
Pero ¿qué del posterior Apóstol Pablo? Hay evidencia bíblica de que este ex-Fariseo estricto abandonó su herencia Judía del Antiguo Testamento y que amplió su concepto de Dios para incluir a una segunda y tercera persona, construyendo así un fundamento para la doctrina de la Trinidad?
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DE LA CONTROVERSIA A LA CRISIS:
UNA EVALUACIÓN ACTUALIZADA
DEL ADVENTISMO DEL SÉPTIMO DÍA

Por Kenneth R. Samples
Desde sus comienzos a mediados del siglo diecinueve, el Adventismo del Séptimo Día (ASD) ha continuado siendo extremadamente polémico entre los cristianos evangélicos (definiéndose el evangelismo como un movimiento en el moderno cristianismo protestante que enfatiza la conformidad con la teología ortodoxa, el evangelismo, y, particularmente, el nuevo nacimiento). De hecho, había algo de consenso entre los eruditos evangélicos en el sentido de que el ASD era poco más que un culto no cristiano hasta la década de 1950, cuando Donald Grey Barnhouse y Walter Martin iniciaron una abarcante evaluación de la teología adventista. Después de miles de horas de investigación y extensas reuniones con oficiales adventistas, Barnhouse y Martin llegaron a la conclusión de que el ASD no era una secta anti-cristiana, sino más bien una denominación cristiana algo heterodoxa (es decir, que se apartaba de la doctrina aceptada).
Gradualmente, el clima de la opinión evangélica comenzó a cambiar a favor de la posición de Barnhouse y Martin, aunque hubo siempre muchas opiniones disidentes. Al comenzar la década de 1960, sin embargo, el ASD disfrutaba de una franqueza sin precedentes con el protestantismo evangélico. Irónicamente, esta franqueza también hizo surgir algunos puntos en disputa muy difíciles, pues ciertas enseñanzas claves del ASD tradicional fueron puestas en tela de juicio dentro de la denominación.
Para mediados de la década de 1970, habían surgido en el ASD dos tendencias claramente diferenciadas: El Adventismo Tradicional, que defendía muchas de las posiciones adventistas de antes de 1950, y el Adventismo Evangélico, que enfatizaba el modo en que la Reforma entendía la justificación por la fe. Esta controversia pronto dio lugar a una verdadera crisis interna que fragmentó severamente a la denominación. Para principios de la década de 1980, una severa disciplina denominacional contra ciertos dirigentes adventistas evangélicos dejó desilusionados a muchos adventistas.
Estos acontecimientos han llevado a cierto número de evangélicos a preguntarse si los ASD deberían continuar siendo considerados como evangélicos. El propósito de este artículo es resolver directamente esta pregunta mientras examinamos los controvertidos diálogos evangélicos/ASD de la década de 1950, así como seguir el rastro de los puntos doctrinales en disputa que han contribuído a la crisis de identidad del adventismo.
Los diálogos evangélicos/ASD de la década de 1950
Incluídos entre los evangélicos que en la década de 1950 consideraban al ASD una secta no cristiano había eruditos tan capacitados como Louis Talbot, M. R. DeHann, Anthony Hoekema, J. K. Van Baalen, John Gerstner, y Harold Lindsell. (1) Walter Martin, a la sazón director de apologética de sectas para la Zondervan Publishing Company, ha clasificado a los ASD como culto en su libro The Rise of the Cults [El Surgimiento de las Sectas]. Y Donald Grey Barnhouse, erudito bíblico y fundador y editor de la revista Eternity [Eternidad], conocido en todo el país, había escrito críticamente sobre la teología ASD. Habiéndose encontrado con algunos fanáticos ASD anteriormente en su vida, Barnhouse consideraba al evangelicalismo y al adventismo mutuamente excluyentes.
Irónicamente, el primer contacto de Barnhouse con dirigentes adventistas ocurrió cuando T. Edgar Unruh, ministro y administrador ASD, le escribió felicitándolo por varias conferencias que había presentado sobre el tema de la justificación por la fe. A Barnhouse le causó perplejidad el hecho de que un adventista, que mentalmente aceptaba la justificación por las obras, lo felicitara por predicar el evangelio de la Reforma. Aunque todavía muy suspicaz, Barnhouse sugirió que los dos hombres conversaran más en relación con la doctrina adventista.
Varios años más tarde, Barnhouse mencionó el nombre de Unruh a Walter Martin, y le encargó la tarea de investigar exhaustivamente al ASD para Eternity. Martin le habló a Unruh acerca de que éste le hiciera llegar materiales representativos de su teología, y de una oportunidad para entrevistar a ciertos dirigentes adventistas. Unruh le proporcionó a Martin la documentación que éste buscaba, e hizo arreglos para que visitara las oficinas principales de la Conferencia General, que a la sazón estaban situadas en Takoma Park, Maryland. La Conferencia General, que es el cuerpo gobernador de los ASD, recibió cálidamente a Martin y se mostró muy dispuesta a cooperar proporcionándole materiales básicos originales. Con la bendición de R. R. Figuhr, presidente de la Conferencia General, Unruh hizo arreglos para una conferencia formal entre Martin y varios dirigentes adventistas.
Martin había pedido específicamente hablar con Leroy E. Froom, el principal historiador y apologista del adventismo. Froom, autor de libros tan bien conocidos como Prophetic Faith of Our Fathers [La Fe Profética de Nuestros Padres] y Movement of Destiny [Movimiento con Destino], pidió que participaran otros dos dirigentes adventistas: W. E. Read, Secretario de Campaña de la Conferencia General, y Roy Allan Anderson, Secretario de la Asociación Ministerial de la Conferencia General y editor de la revista Ministry. A estos hombres se les unió T. E. Unruh, que actuaba como moderador. Un asociado de Walter Martin, George Cannon, profesor de griego en el Nyack Missionary College, ayudó a Martin en su investigación durante esta histórica conferencia. Cuando las reuniones se trasladaron a Pennsylvania más tarde, Barnhouse también se convirtió en participante activo.
Preguntas y respuestas
El formato de la conferencia consistió esencialmente en que los eruditos adventistas contestaban las preguntas que les hacían los evangélicos. Martin, en particular, hizo decenas de preguntas que habían surgido de su estudio de las fuentes originales adventistas. Uno de los primeros y principales puntos de contención que los evangélicos presentaron fue la tremenda cantidad de literatura adventista que claramente contradecía otras declaraciones oficiales adventistas. Por ejemplo, junto con declaraciones ortodoxas en relación con la persona, la naturaleza, y la obra de Cristo, las publicaciones adventistas también contenían otros artículos que abrazaban el arrianismo (la posición de que Cristo era un ser creado), una naturaleza pecaminosa de Cristo, una incompleta teoría de la expiación, el galacianismo (salvación mediante la observancia de la ley), y sectarismo extremo. Martin afirmó que él podía proporcionar numerosas citas que eran inequívocamente heréticas. Los eruditos adventistas se escandalizaron y se horrorizaron de algunos de los documentos presentados.
A causa del fuerte énfasis de los adventistas en una progresiva comprensión de la Biblia, han estado renuentes a adoptar un credo formal. Aún su declaración doctrinal conocida como las "27 Creencias Fundamentales" permite cambios y revisiones. Históricamente, esta falta de un credo formal, así como el énfasis en la comprensión progresiva de la Biblia, ha dado lugar a un amplio espectro de interpretación doctrinal entre los adventistas. En la década de 1950, igual que hoy día, esta tolerancia de posiciones divergentes y a veces heréticas ha perjudicado la unidad y la solidez de su denominación. Este era un punto crítico para los evangélicos, que no podían esperar representar con precisión la posición del adventismo ante el mundo evangélico si los adventistas mismos carecían de consenso en cuanto a esas posiciones.
Durante la conferencia de 1955-1956, Martin acusó a los adventistas de hablar con doblez en el peor de los casos y no controlar sus filas adecuadamente en el mejor de los casos. Los evangélicos afirmaron que, si la Conferencia General permitía que herejías como el arrianismo y el galacianismo continuaran en su filas, los adventistas merecían el título de "culto". Para crédito suyo, todos los eruditos adventistas presentes repudiaron las posiciones mencionadas más arriba, y prometieron que las enseñanzas aberrantes que difirieran con las expresas doctrinas adventistas serían investigadas por la Conferencia General. También afirmaron que la mayoría de estas doctrinas, si no todas, no representaban la teología ASD, sino que expresaban las opiniones de unos pocos que pertenecían a lo que Froom describió como "los fanáticos".
¿Ortodoxia esencial?
Al progresar la conferencia, los evangélicos quedaron más y más impresionados tanto por la sinceridad como por la ortodoxia general de los dirigentes adventistas. Ahora parecía que la estructura de la teología ASD era esencialmente ortodoxa. El adventismo afirmaba la inspiración de las Escrituras, la doctrina cristiana de la Trinidad, y la deidad, el nacimiento virginal, la expiación vicaria, la resurrección corporal, y el segundo advenimiento de Cristo. (2) Martin, que había escrito extensamente sobre el tema de los cultos en los Estados Unidos, reconoció inmediatamente que ésta no era la declaración doctrinal de un culto típico. Comenzó a creer que el Adventismo del Séptimo Día, por lo menos como estos hombres lo representaban, había sido muy mal entendido por el cristianismo evangélico.
Aunque Martin quedó impresionado con el compromiso de los adventistas con los elementos esenciales de la fe, todavía había cierto número de doctrinas adventistas distintivas que por mucho tiempo habían impedido que se les aceptara como hermanos cristianos. La mayoría de los eruditos evangélicos que habían escrito negativamente sobre los adventistas centraban sus críticas sobre estas pocas doctrinas distintivas, que ellos creían socavaban cualquier ortodoxia que el adventismo pudiera tener. Martin, que estaba decidido a entender al adventismo con exactitud, solicitó una explicación completa de estas peculiares creencias.