LA CRUCIAL ÚLTIMA PREGUNTA QUE LE HICIERON A JESÚS SUS DISCÍPULOS

  LA CRUCIAL ÚLTIMA PREGUNTA QUE LE HICIERON A JESÚS SUS DISCÍPULOS

 

Por Ing° Mario A Olcese

 

Es interesante lo que los discípulos le preguntaron a su Maestro poco antes de su ascenso al Padre, pues---¡fue la última pregunta que le hicieron! Y es que la mayoría de estudiantes bíblicos no comprenden que esta última pregunta encierra toda la esperanza apostólica y cristiana. Por tanto, es muy importante destacarla y entenderla para ser auténticos discípulos de Cristo.

 

La última pregunta de los discípulos se halla en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1 y verso 6, y que dice: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?. Nótese que los discípulos que se habían reunido le preguntaron LO MISMO, al UNÍSONO: “Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”.  Y, ¿por qué le preguntaron eso exactamente? La razón se encuentra en el verso 3, donde dice: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó (Jesús) vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles ( a sus discípulos) durante cuarenta días y HABLÁNDOLES ACERCA EL REINO DE DIOS” (el evangelio).

 

Jesús había resucitado, y por cuarenta días (mes y medio aproximadamente) se les había estado apareciendo a sus seguidores, para hablarles más sobre el REINO DE DIOS. Sí, durante ese periodo de tiempo, Jesús aleccionaba a sus discípulos sobre el tema del Reino de Dios, y de este punto no se movió para nada durante ese mes y medio. De modo que este asunto del Reino de Dios fue algo crucial e importantísimo para Jesús, pues lo motivó a hablarlo durante sus días finales en esta tierra. Debemos entonces tomar conciencia de lo crucial de este tema del Reino de Dios, ya que si no lo comprendemos en su real dimensión, no captaremos la entera misión de Jesucristo como Salvador, Señor, y Mesías. Recuerde que él mismo confesó: “...es necesario que también a otras ciudades anuncie EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO (Lucas 4:43).  Entonces está claro que Jesús comenzó (Marcos 1:1,14,15) y finalizó (Hechos 1:3) su ministerio hablando sobre el evangelio del Reino de Dios. ¡Esta fue la verdadera razón por la cual Su Padre lo envió a este mundo hace dos milenios! Ahora es menester que entendamos qué es ese Reino de Dios en su real dimensión.

 

                        La Pregunta Oportuna de los Discípulos

 

Hemos visto que la pregunta de los discípulos se produjo justamente porque Jesús se la había pasado hablando con ellos sobre la restauración del Reino de Dios a los ISRAELITAS, durante su seminario intensivo de cuarenta días. Seguramente que el tema de ese seminario debió titularse: “El Evangelio de la Restauración del Reino De David a Israel”,  Lo interesante e importante es que finalmente  los discípulos le hicieron una pregunta oportuna y muy sugestiva a su Maestro, la cual  encerraba y resumía toda la misión de Jesús en la tierra. Para entender lo que Jesús quiso decir por el Reino de Dios, debemos fijarnos en el contenido de la pregunta que le hicieron todos los discípulos reunidos en ese seminario intensivo de cuarenta días. Obviamente aquella última pregunta de los discípulos encerraba todo lo enseñado por Jesús sobre su reino venidero en la tierra, y que involucraba e incumbía a los ISRAELITAS. Ahora bien, dicha pregunta NO fue---como sostienen algunos--- inoportuna, torpe, aislada, y errada de un discípulo lento en entendimiento---¡Fue, más bien, la pregunta de TODOS los discípulos al unísono! Entonces: ¿fueron todos los discípulos torpes para no entender lo enseñado por Jesús durante esos cuarenta días?¿Fue acaso Jesús un pésimo Maestro? ¡No lo creo! Jesús no hablaba oscuramente a sus seguidores, sino sólo a sus detractores (Marcos 4:11.12).

 

Pues bien, si ellos--- como discípulos--- pudieron entender el tema del Reino de Dios, es obvio que usted---como discípulo de Jesús---puede igualmente entenderlo si dispone su mente y corazón, y extirpa sus prejuicios o ideas preconcebidas que sobre este tema ha recibido de personas indoctas.

 

                         ¿Qué es el Reino de Dios Exactamente?

       

El tema central de Cristo fue, sin duda alguna, las buenas nuevas (=evangelio) del Reino de Dios (Lucas 4:43). Como vimos, Jesús comenzó y finalizó su ministerio hablando precisamente de ese reino que se restablecería en la tierra prometida, en ocasión de su segunda venida. Sus discípulos igualmente difundieron este mismísimo evangelio del Reino de Dios por todos lados a donde iban (Lucas 9:1,2).

 

El Reino de Dios se inaugura en el Antiguo Testamento cuando los israelitas le pidieron a Samuel que constituyera en Israel un rey y un reino como las demás naciones alrededor de ellos. En 1 Samuel 8:5 leemos: “Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones”.      

 

El reino hebreo comenzó con Saúl, quien vino a ser un hombre rebelde o desobediente a los ojos de Dios. Finalmente este rey fue destituido y reemplazado por un pastor de ovejas llamado David. Con David Dios hace un pacto solemne que decía: “...Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente (2 Samuel 7:16). Además le prometió Dios: “Para que conforme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará varón en el trono de Israel (1 Reyes 2:4).                  

 

El último rey que tuvo la dinastía del rey David fue Sedequías, quien en 586 AC fue destituido del trono de David a manos de Nabuconodosor, rey de Babilonia. Desde esa fecha Israel se quedó temporalmente sin rey y sin reino debido  la infidelidad de muchos de sus reyes. Pero en Ezequiel 21:25-27 veremos que el reino sería finalmente estable eternamente con un príncipe o varón Judío, quien sería justo y recto. Este príncipe aparecería todavía en el futuro, pero cuando lo hiciera, traería---por fin--- la justicia y la paz verdaderas al mundo. Sí, Ezequiel, el profeta, anunció que por muchos días Israel estaría sin un rey y reino, hasta que “viniera aquel cuyo es el derecho y a él se lo daría Dios”.

 

Jesucristo es aquel personaje que tiene el derecho de heredar el reino davídico, puesto que él es el descendiente directo del rey David (Mateo 1:1). Por eso, cuando él vino a la tierra, confesó que había nacido para ser rey. Así se lo manifestó a Pilatos mismo cuando era juzgado por él (Juan 18:37).

 

Ahora entendemos porqué los discípulos le preguntaron a Jesús si en verdad él iba a restaurar el reino inmediatamente a Israel. Ellos sabían, por los pactos y promesas revelados a los profetas, y a los padres, que un Ungido---el Cristo---reanudaría el reino suspendido de David en Israel. Ellos estaban seguros que Israel sería una monarquía nuevamente, con un rey poderoso y glorioso---¡y lo creyeron inminente!

 

                 Dios No ha Rechazado a Su Pueblo Ni a Su Tierra

 

Millones de Cristianos suponen que el Reino de Dios no es otra cosa que “el reinado de Cristo en nuestros corazones”. Suponen, estos “Cristianos”, que Israel perdió el favor de Dios, y por tanto Dios ya no trata más con su pueblo de antaño porque suponen que “mataron a su Mesías”. Por tanto, los tales llamados “cristianos” enseñan ahora que el reino de Dios es uno de naturaleza “espiritual”, implantado en “el corazón de los hombres”. Otros “cristianos” sostienen que el reino prometido por Cristo es su iglesia”.  Estas ideas preconcebidas son falacias que deben ser extirpadas de nuestras mentes, pues Pablo fue claro cuando dijo que Dios no ha desechado a Israel al cual desde antes conoció: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera, porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo (Israel), al cual desde antes conoció...” (Romanos 11:1,2).

 

Estamos viendo que Pablo afirma que Dios NO ha desechado a Su pueblo Israel al cual desde antes conoció. Esta enseñanza paulina desecha la idea preconcebida de que los Judíos han sido desechados para siempre por Dios “porque supuestamente mataron a su Mesías”. ¿Acaso los apóstoles Judíos mataron a Su Mesías? ¡Absurdo! ¿Acaso no fue la primera iglesia, Judía?

 

También el apóstol Pablo, como Judío creyente, dice: “Que son israelitas, de los cuales SON la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas (Romanos 9:4). Nótese que San Pablo dice que de los israelitas SON (no “ERAN”)---entre otras cosas---las promesas. Las promesas que Dios les hizo a los padres (Abraham, Isaac, Jacob, y David), son para los israelitas primeramente, y luego también para los no israelitas convertidos (Gálatas 3:16,29). Entre las promesas que Dios hizo a los padres están la posesión de una “tierra prometida” (Génesis 12:1,2; 13:15, 15:18), y la perpetuidad del Reino de David ---llamado igualmente: “El Reino de Dios(ver 1 Crónicas 28:5)---Ver también: Salmo 132:11, y 2 Samuel 7:12,13. En estos versículos Ud. verá que Dios prometió perpetuar el trono de David, o también llamado: “El Reino de Dios”. Dios le dice a David esto:”Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones. Él me clamará: Mi padres eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación” “Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí(Salmo 89:4,26-30,35,36). En otras palabras, Dios le prometió A David que su reino se extendería hacia el futuro, y que sería para el beneficio de todas las naciones de la tierra, Además, Dios le dijo a él que tendría un descendiente justo que se convertiría en rey, y que sería el Hijo de Dios predilecto, obediente, sabio, y perfecto (véase Hechos 2:29,30; Isaías 9:6,7). Por esta razón David habló de su descendiente, así: “Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Será su nombre para siempre. Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones (Salmo 72:11,17). Es por eso que la última pregunta de los discípulos concuerda perfectamente con esta promesa divina de un Reino de Dios restaurado en Israel. ¿Acaso no Recordamos que David reinó sobre Israel por cuarenta años, siendo su capital final, Jerusalén?¿acaso no recordamos que Jesús mismo afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad capital del “gran rey” venidero? (Mateo 5:33-35). Este es precisamente el Reino que Cristo predicó y prometió restaurar. Ahora los discípulos, viendo que Jesús se iría en breve al cielo, le preguntaron si ya era inminente el establecimiento del reino davídico en Israel, pues él lo había estado predicando,  anunciando, y también confirmando, por más de tres años y medio (Lucas 8:1; Romanos 15:8).

 

              El Tiempo de la Restauración Sólo lo Sabe el Padre

 

La pregunta de los discípulos a Jesús era obviamente justa, correcta, e inevitable, pues estaban finalmente muy interesados en saber el tiempo exacto para la cristalización de la prometida restauración del reino del padre David. En una ocasión anterior---recordemos--- cuando Jesús estaba por entrar en Jerusalén ---la capital del Reino Davídico--- los discípulos pensaron que el Reino prometido sería inmediatamente restaurado con Cristo a la cabeza (Marcos 11:10). En Lucas 19:11 vemos que Jesús se ve precisado a pronunciar una Parábola, con el propósito de hacerles entender que aún no era el tiempo señalado para la tan anhelada restauración del reino davídico. Explicó en suParábola de Las Diez Minas”  que “un hombre noble”---él mismo---tenía que ir primero al cielo para recibir la corona de Rey y el reino, y luego volver para tomar su trono en la tierra (v.12). Pero ahora, estando él ya próximo para regresar al cielo, sus discípulos le preguntaron finalmente si su reino se establecería próximamente en Israel  o todavía no. Entonces Jesús sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan anhelada restauración del reino a los israelitas, sólo lo sabe Dios Hechos 1:7). Sin embargo, recordemos que ya antes Jesús había afirmado que “de aquel día y la horade su regreso como Rey, nadie lo sabía, ni él ni los ángeles del cielo, sino sólo Su Padre (Marcos 13:32).

 

Aquí vemos nuevamente que Cristo NO reprende a sus discípulos por aquella inevitable pregunta, diciéndoles algo así como: “Están errados, pues ya nunca más será restaurado el Reino a Israel debido a que me rechazaron mis paisanos”. NO!--- Él no les dice eso, ni nada parecido. Simplemente les dice que sólo Dios sabe el tiempo exacto para la tan anhela restauración del reino a Israel. Es decir, Jesús valida la pregunta como correcta y oportuna, pero afirma no saber el tiempo exacto para dicho evento glorioso. Es, pues, más que evidente que durante esos cuarenta días que duró el seminario intensivo de Cristo, él se la pasó explicándoles a sus discípulos acerca de cómo sería su reino milenario en Israel, y qué benéficos le traería al mundo entero.

 

                                  ¿Es el Reino sólo para los Judíos?

 

En Lucas 12:32 Jesús se dirige a sus discípulos como su “manada pequeña”, y a éstos les ofrece su reino. Les dice textualmente así: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino. Aquí Jesús les habla a Judíos que son sus seguidores. Esta promesa es dada esencialmente a los que le siguen, a los que le sirven y creen, aunque es verdad que éstos eran Judíos de raza. ¿Es entonces el reino para los Judíos de raza únicamente? ¿Qué hay de nosotros, que somos creyentes, y no somos Judíos? ¿Hace Dios distinción entre los creyentes en función a sus razas?¿Heredan los creyentes gentiles (no Judíos) el cielo, mientras que los creyentes Judíos se quedan en la tierra para heredar y restaurar el reino de David? Hay iglesias cristianas que dicen que el reino de David--- en Israel--- será sólo para los Judíos conversos y no para los creyentes gentiles. ¿Qué dice la Biblia al respecto?

 

En primer lugar leamos lo que dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice a sus simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros (Creyentes Gálatas gentiles) sois de Cristo (cristianos), ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa . En los versos anteriores (7,9,14) leemos: “Sabed, por tanto, que los que son de fe (no Judíos de raza necesariamente), éstos son hijos de Abraham...de modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham...para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles...”. También es interesante lo que dice Pablo a los creyentes de Efeso (gentiles), lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos (a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación...porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:11-14,18,19). “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Efesios 3:6).

 

Entonces la promesa del Reino de Dios recae también sobre todos aquellos creyentes gentiles (no Judíos) que han creído en Cristo. Peruanos, Argentinos, Bolivianos, Canadienses, Italianos, Franceses, Ingleses, Senegaleses, Congoleses, Tibetanos, chinos, Coreanos, Japoneses, etc, pueden heredar el reino de David si creen en Cristo. Dios no hace acepción de personas, pues dice Pablo: Porque no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11),

 

       Jesucristo Volverá Para Restaurar el Reino de David en

                                                        Israel

 

El Apóstol Pedro dijo: “y él (Dios) envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado: a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:20,21). Compárese esta palabra “restauración” con la de la última pregunta de los discípulos en Hechos 1:3. Es claro, entonces, que el reino israelita lo restaurará Jesucristo cuando regrese por segunda vez al mundo. Así lo afirmó Jesús mismo cuando dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él entonces se sentará en su trono de gloria...entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:31,34). Aquí es importante la segunda venida de Cristo como Rey, ya que ello significará la transformación física de los herederos del reino, pues como Pablo había dicho correctamente: “Pero esto digo, hermanos, que la carne y la sangre (los mortales) no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, En un momento, en un abrir y cerrar de ojos; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados (1 Corintios 15:50-52). Entonces, cuando los cristianos logren o ganen su transformación física, recién entonces podrán ver y entrar en el reino glorioso de Cristo---¡No antes! La iglesia de Jesucristo está llamada a participar del reino  de Dios (Santiago 2:5), pero debe antes crecer en el conocimiento de Dios y de Cristo (Juan 17:3) y en los atributos cristianas (2 Pedro 1.5-11). Hoy los incrédulos y los pecadores pueden ver y entrar en la iglesia de Señor sin ser bautizados o convertidos, pero para ver y entrar en el reino de Dios, hay que ser hombres “perfectos”, hombres de Dios, probos, santos, fieles, e inmortales. Esta es la gran diferencia entre la iglesia del Señor y el Reino de Dios. Al Reino de Dios sólo lo podrán ver e ingresar los que son “santos y perfectos” y que han merecido su transformación física--- o su inmortalización---- que es lo mismo (1 Corintios 15:53,54). En buena cuenta, los que hereden y sean parte del reino de Dios, gozarán de la vida eterna con todos los salvos de todas las naciones y épocas.

 

Recordemos que Jesús volverá a esta tierra, no sólo para transformar o inmortalizar a sus seguidores, sino también para sentarse en su trono de gloria, lo cual indica que él se  posará en un trono en la tierra. Este trono será el de David su padre, según está especificado en Lucas 1:31-33, y que dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (La Anunciación del ángel). Este (Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo: y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (país) de Jacob (Israel) para siempre, y su reino no tendrá fin”. Por cierto que los cristianos también se sentarán en sus respectivos tronos de gloria en el reino de Dios, pues Jesús les dijo a sus apóstoles: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel(Lucas 22:29,30), Obsérvese que siempre el reino tiene que ver con Israel. Pero lo trágico es que millones de “cristianos” no quieren tomar literalmente estas profecías, y más bien prefieren darles una explicación “alegórica” o “espiritual”. Pero si quieren hacer esto, entonces la Anunciación deberá ser igualmente interpretada “alegóricamente” o ”espiritualmente”.  Pregunto: ¿nació realmente y literalmente Jesús de una mujer joven y virgen? ¿estuvo literalmente embarazada María? o, ¿entenderemos la anunciación como algo “simbólico” también?

 

                             El Reino es la Esperanza de la Iglesia

 

Jesucristo enseñó que “busquemos primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). También enseñó a que orásemos por su venida para que se haga--- por fin--- la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo (Mateo 6:10). Del mismo modo, Jesús afirmó que aquellos que “miran hacia atrás” no son dignos de su reino (Lucas 9:62). También aseveró que “difícilmente un rico puede entrar en él” (Mateo 19:23). A Nicodemo Jesús le dijo que “tenía que nacer de nuevo” para ver y entrar en su reino (Juan 3:3,5). De modo que el Reino es algo que se puede ver y entrar si se “renace” en Cristo.

 

Aun los apóstoles creyeron en el reino venidero de Jesús. Por ejemplo, el apóstol Pablo afirmó “que es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios (Hechos 14:22). Por su parte Pedro dijo en 2 Pedro 1:5-11, y en especial en el versículo 11, lo siguiente: “Porque de esta manera (madurez espiritual) os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo. También Pablo dijo que los pecadores incorregibles no podrían de ningún modo entrar en él, salvo que se arrepintieran a tiempo (Gálatas 5:19-21). Santiago afirma que sólo los ricos en fe”, serán los herederos de ese magnífico reino en la tierra (Santiago 2:5).

 

Entrar, pues, en el reino, es obtener la vida eterna y la salvación, según se desprende del diálogo del joven rico con Jesucristo de Mateo 19:16-23. En estos versos aparecen las frases “vida eterna”, “reino de Dios”, y “ser salvo”, Aquellos que no logren entrar en el reino de Dios, se deberá únicamente al hecho que no fueron dignos de él (2 Tesalonicenses 1:5). Es por esto que es muy importante buscar el reino de Dios y su justicia, porque ello significa ganar la salvación ---¡Esto no lo comprenden millones de Cristianos!

 

Es verdad que el Reino de Dios es un “reino celestial”, porque precisamente es “de Dios”. Por tanto, las frases: “Reino de Diosy “Reino de los cielos son equivalentes. Nótese que nunca aparece en la Biblia la frase: “Reino EN los Cielos” sino “Reino DE los cielos”. Es decir, que procede de los cielos---¡De Dios! Es trágico que millones confundan el reino de los cielos con el mismo CIELO. Sí, hay millones de “cristianos” que sostienen que heredar el “reino de los cielos” significa heredar el mismo cielo---¡Craso error! Definitivamente ni Jesús, ni sus apóstoles, enseñaron que iríamos al cielo para vivir con Dios y los ángeles (Juan 13:33) (Véase también Mateo 5:5; Salmo 37:9,11,22,29,34, Proverbios 2:21,22---nótese que dice: los perfectos permanecerán en la tierra).

 

                El Reino de Dios Significará La Justicia y la Paz   

                                                    Mundiales

 

El Reino de Dios significará la justicia y la paz en la tierra, pues recordemos que Jesús nos mandó a “buscar el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33). Y el profeta Isaías claramente anuncia: He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en Juicio” (Isaías 32:1). Y también Isaías predijo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (9:6,7). Y en 2 Samuel 23:3,4 se nos anuncia lo siguiente: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra” .

 

Por otro lado, la influencia mundial del reino de Cristo se deja ver en los siguientes pasajes de la Escritura: Daniel 2:44, que dice: “Y  en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. También el salmista David (72:7-9,11) lo anuncia diciendo: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo...todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán”. Leer todo el Salmo 72, También Daniel 7:13,14 y Miqueas 4:1-4. Todas estas profecías aseguran que sólo habrá un solo gobernante mundial que domine con autoridad de Dios, y con vara de hierro. ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobernante mundial?¿Se imagina usted que las naciones del mundo se sujetarán de buena gana a este magnífico líder mundial que está por venir desde los cielos? Será ciertamente: “¡El deseado de todas las naciones!” (Hageo 2:7). Sí, será el gobernante ideal que todo pueblo ha anhelado tener en el poder.

 

¿Está Ud. buscando y pidiendo este estupendo reino de Dios y su justicia? (Juan 6:10,33). ¡Es un mandamiento de Jesucristo! Sin embargo, cuántos aún ignoran que este reino milenario es la única esperanza que tiene la humanidad para tener paz y justicia verdaderas. No es “escapando al cielo” como vamos a lograr obtener la felicidad, la justicia, y la paz que anhelamos. Eso querría decir que el diablo triunfó al lograr la destrucción de la tierra, y arrojar a los hombres al cielo. ¿acaso no recordamos que Dios creó la tierra para que fuese habitada por los hombres? (Salmos 115:16). ¿Trastocará el diablo los propósitos de Dios para con la tierra? ¡De ningún modo! Pero los que afirman que iremos a vivir en el cielo, están desvirtuando todo el propósito de Dios de restaurar todas las cosas como eran al principio. Es obvio que la palabra restaurar quiere decir “reponer, recuperar, recobrar, reparar, renovar o devolver a una cosa su estado o estima original”. En buena cuenta, Dios pondrá todas las cosas como él se lo propuso en un principio. La restauración de un mundo paradisíaco significará el fin de la violencia humana y animal, y también el final de  la depredación de la flora y fauna, y de la contaminación ambiental. Además significará la destrucción de todos los perversos e incorregibles del planeta (Salmo 37:9). Será el fin del dominio de los hombres para dar paso a la gobernación de Dios en la tierra como se efectúa en el cielo. 

 

Desgraciadamente, La gran mayoría de los hombres están buscando solucionar sus problemas a espaldas de Dios, como si Él no existiera. La ONU, por ejemplo, fue creada para traer la paz en el mundo, y ya vemos cómo ésta no ha podido lograr la tan anhelada paz mundial. Hoy más que nunca, el mundo está envuelto en guerras interminables que aniquilan a miles y miles de hombres inocentes. El hombre no sabe que el problema del mal está en el hombre mismo, en su naturaleza pecaminosa y egoísta. Los hombres no entienden que ellos no pueden corregir los males del mundo por sí mismos, pues se encuentran lejos de su Hacedor.  La mayoría de ellos únicamente viven sólo para satisfacer sus deseos egoístas, sin importarles sus semejantes. Sólo un necio corrupto puede decir que no hay Dios (Salmo 14:1). 

 

                         Jerusalén, La Ciudad Capital del Reino

 

La Biblia es clara cuando dice que Jerusalén será la ciudad capital del reino venidero de Dios. Dice el profeta Jeremías así: “En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón” (3:17). Hay infinidad de pasajes en la Biblia donde se menciona a Jerusalén como una ciudad superimportante del futuro, y en donde confluirán todos los pueblos de la tierra. Será la capital mundial y el centro del mundo---el lugar donde estarán los tronos de los futuros gobernantes inmortales. Dice también el salmista David sobre Jerusalén, así: Porque Jehová ha elegido a Sión; la quiso por habitación para si. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido...allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, más sobre él florecerá su corona” (132:13,14,17,18). También dice el salmista, de este modo: “Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David. Pedid por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman” (122:3-6). Nótese que se habla de “los tronos” de la casa de David (en plural). Esto concuerda con lo prometido por Jesucristo a sus apóstoles, en el sentido que ellos también se sentarían en sus propios tronos, en el reino restaurado de David en Jerusalén (Mateo 19:28). Ahora bien, Jesús extiende su invitación para que todos sus seguidores permanezcan fieles para que puedan participar en su trono y reino. Dice él, así: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Además él prometió también: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones(Apocalipsis 2:26). Y para terminar este acápite sobre Jerusalén, sería bueno recordar Miqueas 4:1-3, que dice: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”. 

 

                      El Reino de Dios es el Evangelio Verdadero

 

Sí, el Reino de Dios es el evangelio de Cristo. En diferentes pasajes de la Escritura veremos que el Reino de Dios y el evangelio, son sinónimos. En Marcos 1:1,14,15 encontramos un excelente ejemplo de esto. Dicen estos versículos de este modo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios...después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentios, y creed en el evangelio. En la cita bíblica mostrada arriba, es obvio que cuando se habla de creer en el evangelio, lo que se quiere decir es que creamos en el Reino de Dios, y en su Rey, Jesucristo.  Además, Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para SALVACIÓN para todos los que lo creen de todo corazón (Romanos 1:16). Y cuando Jesús dejó señales concernientes a los últimos días, él dijo que antes de su regreso en gloria para establecer su reino, sus verdaderos discípulos estarían proclamando dicho reino por todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Dice así en Mateo 24:14: Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.  Entonces,  ¿qué más pruebas podemos pedir para saber y entender lo que es verdaderamente el evangelio de Cristo?

   

Finalmente veremos a Pablo predicando este mismo evangelio del Reino en diferentes partes del mundo, según lo podemos constatar en Hechos 19:8;20:25;28:23,30,31. Es claro que el asunto del reino de Dios era de primera importancia para Cristo y sus apóstoles (Lucas 9:1,2), ¿Lo es para Ud., estimado hermano? Pablo dijo que seamos sus imitadores, así como él lo era de Cristo mismo (1 Corintios 11:1). ¿Lo está Ud. imitando a él en este quehacer evangélico? Muchos---desgraciadamente---no lo están haciendo, pues han pensando que el evangelio es solamente Cristo mismo, es decir: Su Muerte, su sepultura, y su resurrección al tercer día (1 Corintios 15:1-6). Esta creencia es media verdad, pues ya hemos visto que Jesús mismo tilda al Reino de Dios con el título de: “el evangelio” (Lucas 4:43, Mateo 24:14)---¡Y fue el principio de su evangelio! (Marcos 1:1,14,15). Por eso, predicar el evangelio es predicar el reino de Dios, como también lo es sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús---¡Todo junto!

 

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Más Información sobre el Reino en:

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LA IDOLLARTRÍA: LA ADORACIÓN A LOS DÓLARES AMERICANOS

LA IDOLLARTRÍA: LA ADORACIÓN A LOS DÓLARES AMERICANOS

Por: La Palabra de Dios 

 

 Dólares estadounidenses

 

 

 

LOS IDOLLARTRAS Y LA IDOLLARTRIA

 

Dice Pablo: Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos (como Bakker, Luna, Swaggart, Ted Armstrong, Couch, etc) perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos (por el descrédito, por la cárcel, por el juicio, por la expulsión, por los escándalos sexuales, etc)”   (1 Timoteo 6:10).

 

“Sean vuestras costumbres sin avaricia (escuchen, predicadores del evangelio de la prosperidad), contentos con lo que tenéis ahora (los predicadores de la prosperidad nunca están contentos con lo que tienen); porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).

 

Jesús dijo: “Ninguno puede servir a dos señores…no podéis servir a Dios y a las riquezas (escucha Hinn, Luna, Copeland, Crouch, Robertson, White, Roberts, etc)” (Mateo 6:24).

 

Salomón escribió: “El que ama el dinero (los tele-evangelistas de la prosperidad), no se saciará de dinero (esto ocurre exactamente con los evangelistas de la prosperidad); y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad” (Eclesiastés 5:10).

 

“El que confía en sus riquezas (p.e: Los predicadores de la prosperidad) caerá (Muchos evangelistas de la prosperidad ya han caído o están por caer); mas los justos florecerán como ramas” (Proverbios 11:28).

 

“A los ricos de este siglo manda (p.e. a Benny Hinn y Cia.)que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas (vean nomás a Jim Bakker...perdió todo!, sino en el Dios vivo…que sean ricos en buenas obras (no en falsas sanidades acompañadas de timos con palabras de piedad), dadivosos, generosos (pero no con sus socios corruptos como ellos)…que echen mano de la vida eterna (¡no a las jugosas ofrendas del rebaño!) (1 Timoteo 6:17-19).

 

“Ciertamente como una sombra es el hombre; amontona riquezas (p.e. El predicador de la prosperidad), y no sabe quién las recogerá ("las secretarias”) (Salmos 39:6).

 

“Si (eventualmente) se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas (Ojito con esto Carlos "Cash money"Luna, Benny "rico" Hinn, Oral "Saqueo" Roberts , Patty "robo" Robertson, Jimmy "Striptease" Swaggart, Billy "the Kid" Graham, Kenny "alto vuelo" Copeland, etc)” (Salmos 62:10).

 

“No améis al mundo, ni las cosa$ que están en el mundo (aunque los predicadores de la prosperidad como Hinn, Swaggart, Roberts, Robertson, Bakker, Murdock, y otros, aman la buena vida, los lujos, las mansiones, los cadillacs, los rolex, los aviones, los grandes hoteles, la buena ropa, etc, etc,) …” (1 Juan 2:15).

 

"Haced morir,pues, lo terrenal en vosotros: ...malos deseos y avaricia, que es idolatría" y también es idollartría en el caso de los predicadores de la prosperidad. Benny Hinn y otros como él son idólatras...¡qué grave!)

 

"Y les dijo (Jesús): Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee (¡estas palabras no las aceptan ninguno de los timadores del evangelio de la prosperidad!)" (Lucas 12:15).

 

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www.esnips.com/web/BibleTeachings (Estudios en español e inglés por Apologista)

 

 

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LA FALACIA DEL HENOTEÍSMO PREDICADO POR TITO MARTÍNEZ

LA FALACIA DEL HENOTEÍSMO O MONOLATRÍA DEL "TEMPLARIO" CIBERNÉTICO ESPAÑOL, TITO MARTÍNEZ

 

 

 

 

Por Ing° Mario A           Olcese

 

El Sr. Tito Martínez sostiene en su sitio web de la “Verdadera Doctrina Cristiana" que: "El Cristo (y el verdadero Judaísmo) jamás fue monoteísta, sino HENOTEISTA, es decir, la Teología del Cristo era que existe un Dios supremo y Todopoderoso, que es el Padre IEVE, PERO RECONOCIENDO LA EXISTENCIA DE OTROS MUCHOS DIOSES, QUE SON LOS HIJOS DE DIOS (Jn.10:34-36, comparar con Sal.82:1,6), esto no es monoteísmo unitario, sino HENOTEISMO POLITEISTA, ya que el monoteísmo es la creencia en la existencia de un solo Dios, sin embargo, la Biblia JAMÁS enseña que sólo exista un Dios, sino que existe un Dios Padre, además de otros muchos dioses y señores en el cielo y en la tierra, (1Co.8:5), pero subordinados a este Dios Padre, ¡esto es puro henoteísmo politeísta! Pero, ¿es cierto lo que él dice? Pues Veamos:

 

Origen de la palabra Henoteísmo

Esta palabra proviene del griego ‘monos’, uno, y ‘latreia’, adoración; a veces se lo llama henoteísmo. La creencia de que existe más de un Dios, pero que hay que servir y adorar solamente a uno. Por tanto, la monolatría es una variante del politeísmo, pues básicamente cree que existen muchos dioses. Como tal, es una falsa enseñanza que la Biblia rechaza tajantemente vea Deut 6:4; Isa. 43:10; 44:6-8; 45:5-6.

El mormonismo es un ejemplo excelente de un grupo monolátrico contemporáneo. Enseña la existencia de muchos Dioses en muchos mundos, mientras que adora sólo al Dios de este planeta. Así que El Sr. Martínez ha caído en el mismo error del mormonismo al enseñar esa herejía del Henoteísmo en su sitio web.

¿Existen realmente otros dioses fuera del Dios de la Biblia?

El apóstol Pablo admite a los corintios que hay muchos LLAMADOS (¡no que lo sean en realidad!) dioses y señores, pero que sólo uno es el verdadero Dios Todopoderoso, y también uno sólo que es el Señor Mesías (v.6). Este Dios Todopoderoso es el único que tiene el PODER inherente de dar vida a todo lo existente, pues sabemos que sólo él es la fuente de la vida;  o de destruir todo lo que Él creó por sí mismo, o por sus agentes angélicos. Los demás dioses no tienen ese poder de hacer nada por sí mismos, porque simplemente no son nada o no existen como dioses vivos y verdaderos. He aquí las  palabras de Pablo: Pues aunque haya algunos que se llamen (¡no que sean!) dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), 6 para nosotros (Los cristianos verdaderos), sin embargo, sólo hay un Diosesto es monoteísmo!), el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él” (1 Corintios 8:5).  Notemos que hay seres que han procedido de Dios que se les llama “dioses” tanto en el cielo como en la tierra. Estos son seres creados o que han procedido de Dios o por haber sido engendrados (como es el caso de Cristo). Todos estos seres son llamados dioses porque tienen (o tenían) poder sobre otros, y que fueron concedidos por el único Dios verdadero. Los ángeles no son llamados dioses (Elohim) porque merezcan la adoración de los súbditos, sino porque tienen el poder divino otorgado por el único Dios verdadero para hacer cosas que normalmente nosotros no podemos hacer (portentos y maravillas). Estos funcionan como si fuera Dioses.

  También sabemos que hombres consagrados, tales como los jueces de Israel, eran llamados “dioses” aun por el único Dios verdadero, porque fueron Sus ungidos para tener el poder para ejecutar juicio y justicia a Su pueblo elegido (Juan 10:34). Aún Moisés fue constituido “Dios” por Yahweh para hablar y manifestar Su poder ante Faraón (Éxodo 7:1). Sin embargo, ni Moisés, ni los jueces, ni los ángeles son considerados como  verdaderos Dioses, estrictamente hablando.

Los Ángeles (elohim) no aceptaron la adoración humana

Los mismos santos ángeles (elohim, dioses) jamás permitieron que se les adorase. En Apocalipsis 19:9,10 leemos: “Y el ángel me dijo: “Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios. 10 Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios (¿a cuál? ¡Al único verdadero!) Esto mismo se repite en Apocalipsis 22:8,9, que dice: “Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. 9 Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios (¿A cuál? ¡Al único quien es verdaderamente Dios en todo el sentido de la palabra!). 

Aquí es evidente que aunque los ángeles santos de Dios son “elohim” (dioses en función), ellos jamás aceptaron la adoración o servicio sagrado que sólo le pertenece a Dios—el Dios único y verdadero. Además nótese que los “elohim” (dioses-ángeles) no le dijeron a Juan: Adora al Dios mayor, sino: “Adora a Dios”. Para ellos, y para los verdaderos fieles, Dios era único— Yahweh!.

Los ídolos o dioses paganos no son nada

El mismo Pablo declara que un dios pagano no es nada. Simplemente ese dios no tiene vida ni puede dar vida, ¡simplemente no es nada! En 1 Corintios 8:4, él dice: “Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo (dios pagano) nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. De modo que para Pablo un ídolo o Dios pagano no es nada (Gr. ‘oudeis’: ni hombre, ni mujer, ni cosa). Simplemente no existe o es una  mera ilusión. Si en realidad no hay dioses vivientes y jerarquizados en el paganismo, entonces el único Dios verdadero no tiene rivales que merezcan ser también adorados. De allí el grave pecado de adorar lo que no es o no existe, y que en realidad son inventos de demonios para que el mundo se pierda en la adoración falsa. Pablo les vuelve a decir a los Corintios en su primera  carta a  Corintios 10:19-21, lo siguiente: “¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?20 Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. 21 No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios”También en 1 Crónicas 16:26 leemos: “Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos (¡y sabemos que un ídolo o dios pagano no es nada, del Gr. ‘oudeis’: ni hombre, ni mujer, ni cosa alguna en este mundo!); Mas Jehová hizo los cielos”. 

Es más que evidentemente que Pablo jamás creyó que los ídolos paganos fueran dioses o representaciones de dioses vivientes menores. Obviamente lo que Pablo creyó era que esos ídolos eran inventos demoníacos engañosos y de ninguna manera dioses vivientes menores que tenían algún poder o autoridad que rivalizaban con el del único Dios verdadero.

Yahweh Afirma ser el Único Dios

 

El Dios de la Biblia afirma ser único, pero no sólo único en su clase, sino único en el universo. “Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. 22 Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más (Isa. 45:21,22).  En Isaías 44:8, Yahweh reitera lo mismo: “No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno. En estos textos el mismo Yahweh dice que no hay otro Dios fuera de Él. Nótese también que Él no está diciendo que no hay otro Yahweh como Él, sino más bien, que no hay otro Dios aparte de él (mayor o menor).   Los llamados “dioses” de la Biblia son simplemente Sus santos ángeles o algunos de sus santos hombres que recibieron poder de Él para determinada función o tarea. Los dioses del paganismo simplemente no son nada o son meramente inventos de demonios para confundir y engañar a los incautos. ¡Claramente Dios no es partidario del Henoteísmo por donde se lo mire!

 

En conclusión

 

El henoteísmo se derrumba ante el claro hecho de que sólo hay sólo un Dios verdadero viviente  (Monoteísmo puro). Además, los llamados “dioses” de la Biblia son, o los ídolos muertos, o bien, los mensajeros angélicos y humanos que tienen (o tenían) el poder de Dios para efectuar una determinada función o tarea en la tierra en nombre de Dios. Todos estos  siervos de Dios eran “dioses en función” o funcionaban como o por Dios mismo. Es decir, éstos (hombres y ángeles) fueron constituidos “dioses” por el único Dios verdadero del monoteísmo Hebreo.

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UNA PARTE NO ES EL TODO: ¡UN ESTUDIO DEL EVANGELIO COMPLETO!

 

UNA PARTE NO ES EL TODO: ¡UN ESTUDIO 

             DEL EVANGELIO COMPLETO!

 

 

Por Ing° Mario A Olcese

 

Una palabrita clave:

 

¿Qué entiende usted por la palabra: “Primero”? Por ejemplo, si le digo que ‘Dios es primero en la agenda de mi vida’, ¿qué cree usted que quiero decir con esa declaración? Pues seguramente responderá que para mí, Dios es lo más urgente e importante en mi vida.

 

Si digo que primeramente busco las cosas de Dios, lo que estoy diciendo es que Dios es lo primero en mi vida. Esto, no obstante, no significa que Dios sea lo único que debo buscar en la vida, pues también existen otras cosas de segunda importancia que puedo y debo buscar, como por ejemplo: alimentos, ropa, educación, casa, trabajo, etc. El hecho es que las cosas de Dios deben ocupar el primer lugar en nuestras vidas, y las demás cosas que buscamos ocuparán un lugar secundario. 

 

En Mateo 6:33 leemos que Jesús dice: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”. ¿Es acaso el reino de Dios lo único que debemos buscar? ¡No, por supuesto! No obstante, el reino de Dios será lo primero que buscaremos en nuestra vida cristiana. Es decir, uno debe buscar el reino de Dios primero, y luego las otras cosas como ropa, comida, o bebida vendrán por añadidura. Pero lo primero es lo primero, y el Reino de Dios es lo primero que hay que buscar.

 

En 2 Corintios 8:1-5 leemos de la ofrenda de los hermanos de Macedonia para lo santos de Jerusalén. En el verso 5 el apóstol Pablo dice de aquellos hermanos Macedonios, lo siguiente: “…sino que a sí mismos se dieron PRIMERAMENTE al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios”. Es decir, los creyentes de Macedonia se dieron PRIMERAMENTE al Señor Jesucristo, y después a Pablo y a Tito, para que la ofrenda llegara a los creyentes en necesidad en Jerusalén. Su entrega fue total: al Señor y a los hermanos. Ellos no sólo se habían comprometido con su Señor, sino también con sus hermanos en la fe.

 

Hasta este punto entendemos que los Cristianos tenemos prioridades, cosas que ocupan un primer lugar en importancia en nuestras vidas. Esto obviamente no excluye otras cosas que el Señor nos manda a buscar, como por ejemplo: la paz (1 Pedro 3:11), el bien de los demás (1 Cor. 10:24), etc.

 

Lo Primero del Evangelio del Señor

 

Este mismo sentido de lo primero se aplica al evangelio verdadero, pues el propio evangelio completo de Cristo tiene una parte que podemos llamar primordial, básica, o fundamental, y otra que podemos muy bien llamarla complementaria.

 

Veamos lo que nos dice Pablo con relación a lo que es el evangelio, pues millones de personas tienen un concepto errado de lo que significa evangelio completo de Jesucristo. Estos predicadores han venido enseñando un evangelio incompleto o parcial como si fuera todo el evangelio de nuestro Señor.

 

En el texto de 1 Corintios 15:1-7 los evangelistas contemporáneos han creído encontrar el todo del evangelio de Cristo, cuando en realidad Pablo sólo menciona el evangelio básico o fundamental de Cristo. Y es que el problema de estos predicadores consiste en que no analizan o escudriñan con atención las palabras clave de los versículos que leen. Veamos lo que dicen los versículos que acabamos de anotar de 1 Corintios:

1

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis;

2

Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

3

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras;