EL MITO DE LA RELIGIÓN VERDADERA
EL MITO DE LA RELIGIÓN VERDADERA

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Cuántas veces hemos escuchado a personas que afirman estar en “la religión verdadera”. Algunos declaran con orgullo: “Mi religión es la única y la verdadera” o “mi religión es la más antigua y la que Cristo fundó” o también, “mi religión es verdadera porque tiene muchos feligreses, muchas riquezas y mucho poder”. Sí, muchos creen que su religión es la única y la que Cristo fundó. Aun los musulmanes y los Judíos ortodoxos creen lo mismo sobre su religión.
Definiendo el vocablo “religión”
¿Pero qué es por definición “religión”? Según Wikipedia “La religión es un elemento de la actividad humana que suele componerse de creencias y prácticas sobre cuestiones de tipo existencial, moral y sobrenatural. Se habla de «religiones» para hacer referencia a formas específicas de manifestación del fenómeno religioso, compartidas por los diferentes grupos humanos. Hay religiones que están organizadas de formas más o menos rígidas, mientras que otras carecen de estructura formal y están integradas en las tradiciones culturales de la sociedad o etnia en la que se practican. El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas”— http://es.wikipedia.org/wiki/Religi%C3%B3n.
Vemos entonces que una religión se compone de las creencias y prácticas personales, así como de ritos y enseñanzas colectivas. ¿Pero podemos hablar de verdaderas creencias y prácticas personas y/o de verdaderos ritos y enseñanzas colectivas? Los diferentes grupos o sectas del judaísmo y del cristianismo difieren en sus prácticas religiosas y en la interpretación de la Biblia, y cada quien tienen sus razones para sostener su verdad, apoyándose las mismas Escrituras que comparten como prueba de sus prácticas y creencias, aunque claro el catolicismo ha agregado algunos libros extras llamados deuterocanónicos dentro del canon selecto, escrituras éstas que los protestantes rechazan tajantemente por no ser inspirados y porque son una amenaza para la verdad revelada.
Las religiones no son perfectas
Algunas religiones ciertamente están más cerca de la verdad y otras no tanto. A veces las ideas personales de un líder o grupo de líderes se apartan de las Escrituras radicalmente como ocurre en las religiones dogmáticas e intolerantes (llamadas “cultos”). Así que para poder demostrar a ciencia cierta que tal o cual religión es la verdadera resulta ser una tarea de titanes, una de nunca acabar.
Sinceramente creo que las creencias religiosas han dividido a las personas y han creado cismas y persecuciones inhumanas innecesarias. El Catolicismo Romano, iglesia considerada verdadera por casi mil millones de feligreses, tiene una historia vergonzosa y oscura de sangre y muerte por su pasada intolerancia, fanatismo ciego y persecución religiosa contra todos aquellos que se apartaron de su control férreo que duró varios siglos. Aun hoy la iglesia Católica Romana se cree, al igual que sus contrapartes protestantes, la única y verdadera iglesia que Cristo fundó hace dos milenios. Además, ella considera a todos aquellos que están aún fuera de ella como simplemente “hermanos separados”, y a sus iglesias, como sectas. Y aunque ciertamente el catolicismo no persigue a ningún detractor, y menos, hasta la muerte, sus sentimientos por los Judíos, musulmanes y protestantes siguen siendo prácticamente los mismos de hace 500 años, pero matizados de una aparente tolerancia y de acercamiento piadoso.
Ahora bien, los protestantes mismos no estuvieron libres del delito de la ignominiosa persecución religiosa, pues hubo casos en que ellos mismos se acusaban, se odiaban y hasta se perseguían por discrepancias en sus creencias y prácticas religiosas, cayendo, desafortunadamente, en la misma intolerancia fanática del romanismo. Así tenemos, por ejemplo, el encono que sentía el reformador francés Juan Calvino por su contraparte Miguel Servet de España, y que terminó con la muerte cruel y desesperante de este último en la hoguera.
Una adoración en el espíritu y en la verdad
Jesús ciertamente no vino a introducir una religión organizada verdadera, sino una adoración y fe verdaderas. En principio Jesús dijo que los que adoran a Dios deben hacerlo en espíritu y en verdad (Juan 4:24). Esta declaración hace de los rituales de sacrificios de animales, las procesiones de imágenes, y cosas como éstas nada efectivas para la redención del hombre. Tales prácticas no encajan con la adoración en el espíritu que nos habla el Señor. Una religión que hace de la adoración meramente un ritual o en un sacrificio, debe recordar que Dios se place más de la obediencia que de los sacrificios (1 Sam. 15:22). Pero muchas personas creen que cumpliendo con los rituales y sacrificios de su iglesia pueden estar en paz con Dios aunque sus vidas no estén mucho en armonía con Su palabra. Sin embargo, la religión del tal es simplemente vana (Santiago 1:26). Obviamente Santiago no veía mal que un hombre fuese religioso o devoto, pero si éste fallaba en algo tan importante como era mantener su lengua refrenada, esa forma religión que practicaba el tal se convertía en vana y podríamos decir que hasta en falsa. Así que si hay alguna falla condenable en el practicante religioso, su religión se convierte automáticamente en inoperante, vana, fútil. Por tanto, si alguien viene proclamando que su religión es verdadera, pero su hablar es condenable, su religión es simplemente nada o vana. El apóstol Pablo observó que los paganos eran muy religiosos por la cantidad de ídolos que tenían en el Areópago de Grecia (Hechos 17:22). Estos Griegos tenían sus imágenes de muchas deidades, y que los hacían ver como personas muy religiosas y devotas. Pero claro, Pablo no creyó que aquella forma de religión de los Griegos fuese buena por el simple hecho de ser muy religiosos y por tener a tantos iconos sagrados en el templo. Ellos evidentemente desconocían al Dios verdadero al cual Pablo lo presentó como alguien que no habita en templos hecho por hombres (v.23,24).
Los Judíos
Los mismos Judíos devotos de la época de Jesús le objetaron a Jesús diciendo que ellos eran hijos de Abraham, como queriendo decir que ellos estaban en una relación muy favorecida con Dios, como sus verdaderos y únicos elegidos frente a los demás. Ellos se creían que tenían la religión única y verdadera que Dios aprobaba (Juan 8:33). Sin embargo, Jesús tuvo que decirles que ellos necesitaban ser libres, con estas palabras: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (v.31,32). Sin Jesucristo, aquel hijo de carpintero nacido en Belén, ellos estaban esclavos al pecado. Por lo tanto el hecho de ser descendientes naturales de Abraham no los salvaría en absoluto de la condenación eterna. Sin duda ellos necesitaban sujetarse y mantenerse en la palabra del Señor, convertirse en sus discípulos, para finalmente ser hombres libres y adoradores verdaderos. Mientras tanto, ellos seguirían siendo hijos del mismo diablo (v.44).
Cristo está entre sus seguidores
Jesús dijo que dónde hay dos o más reunidos en su nombre, allí está él en medio. Con esto Jesús nos hace ver que hasta un grupo pequeño que se reúne para adorar a Dios y a recordarlo a él como Su salvador y Señor, él los aprueba y los bendice. Este grupito se le puede considerar devoto y religioso mientras guarde la Palabra del Señor y lo ponga en práctica. No se requiere que pertenezcan a una religión organizada y vertical que tiene su logo distintivo y un credo inflexible o infalible para convertirse en la verdadera religión. Recordemos que en el primer siglo no había ninguna iglesia cristiana organizada y dirigida por líderes que después fueron llamados reverendos, cardenales, papas, arzobispos, y títulos semejantes. Estos pequeños grupos no estaban ligados a ninguna santa sede o conferencia general para que fuesen consideradas verdaderas o auténticas iglesias.
Conclusión:
La religión verdadera empieza en uno mismo, siendo consecuentes con las palabras de Jesús, que son claras y simples. Sus mandamientos basados en el amor deben regir nuestras vidas como verdaderos cristianos. Recién entonces la religión verdadera estará en ese hombre, dentro de su ser, no fuera de él, en una relación íntima con el Señor.
Recuerde que cada uno puede hacer su religión (su relación con Dios) genuina y pura en tanto permanezca en él la Palabra del Señor, y obre siempre por amor. El fundamento de la religión verdadera está en la guarda de la palabra del Señor y en el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo. Sin estos dos ingredientes, cualquier forma externa de religión es fútil y por tanto inoperante.
www.retornoalparaiso.blogspot.com